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Full text of "Obras completas de Amado Nervo. [Texto al cuidado de Alfonso Reyes; ilustraciones de Marco]"

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BstablecíniSaato tipográfteo da «Bl Adolantado do Oogovío» 



OBRAS COMPLETAS DE AMADO ÑERVO 

PUBLICADAS POR LA BIBLIOTECA NUEVA 

(nueva edición) 

l-PERLAS NEGRAS.-MISTICAS. 
II.-POEMAS. 
IIL-LAS VOCES, LIRA HEROICA Y OTROS 

POEMAS. 
IV.-EL ÉXODO Y LAS FLORES DEL CAMINO, 
V.- ALMAS QUE PASAN. 
VL-PASCUAL AGUILERA.- EL DONADOR 

DE ALMAS 
YII.-LOS lARDINES INTERIORMS.--EN VOZ 

BAJA. 
VIII-JUANA DE ASBAJE. 
IX.-ELLOS. 

x.-Mis filosofías. 

XI.-SERENIDAD. 
XII.-LA AMADA INMÓVIL 
XIII.- EL BACHILLER. — UN SUENO.-AMNB- 

SIA.-EL SEXTO SENTIDO. 
XIV.-EL DIAMANTE DE LA INQUIETUD.-EL 
DIABLO DESINTERESADO.-UNA 
MENTIRA. 
XV.-ELEVACION. 
XVI.-LOS BALCONES. 
XVII.-PLENITUD. 

XVIII.-EL ESTANQUE DE LOS LOTOS. 
XIX.-LAS IDEAS DE TELLO TELLEZ.-COMO 

EL CRISTAL. 
XX.-CUENTOS MISTERIOSOS. 
XXI.-ALGUNOS. 
XXII.- LA LENGUA Y LA LITERATURA (Primera 



parte). 
Í.-LAI- ' 



XXIII.-LÁ LENGUA Y LA LITERATURA. {Segun- 
da parte). 
XXIV.-EN TORNO A LA GUERRA, 
XXV.-CRONICAS. 
XXVI.-ENSAYOS. 
XXVII.-EL ARQUERO DIVINO. 
XXVIII.- CONFERENCIAS. -DISCURSOS. -MIS- 
CELÁNEA 
XXIX.-LA ULTIMA VANIDAD. 

PRECIO DE CADA TOMO 

EN rústica: cinco pesetas, en tela: siete pesetas 

(de cada tomo se ha hecho una tirada de cien ejemplares 

EN papel de hilo Y LUJOSAMENTE ENCUADERNADOS.— PRECIO 

db cada ejemplar, 35 pesetas). 




TEXTO AL CUIDADO DE 

ALFONSO REYES 
ILUSTRACIONES DE MARCO ^^ 




H^^ÍQ 




OBRAS COMPLETAS DE 
J^AMADO NERVOP>/c/¿i772e«xxvii 

J EL ARQUERO 
^ DIVI'NO 




BIBLIOTECA iMüeVA-* M AD« lü*» t/íí 





^ 



ES PROPIEDAD DE LOS 
HEREDEROS DEL AUTOR 

EJEMPLAR N,* 00061 



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^L ARQUERO DIVINO 



(Publicamos este libro incom- 
pleto, como quedó entre los pa- 
peles del autor.) 




PRIMERA PÁGINA 



M. 



.E clavó con sus flechas el Arquero divino. 
Me clavó con sus flechas! 

No pudieron con él 
ni mis lustros, doctores de tres borlas, ni el tino 
del sagaz timonel. 

Me clavó con sus flechas el Arquero divino, 
y aquí traigo, lectora (trovador vespertino), 
más estrofas de amores, con su amargo y su miel! 



F 



11 




PERSEVERANCIA 



C 



.ABECiTA esquiva, 
cabecita loca, 
eres roca viva... 
Pero en esa roca 
plantaré un jardín 
de suave fragancia. 
Si la tierra es poca, 
mucha es la constancia: 
mi perseverancia 
logrará su fin! 

Aguardo... Mi nave sus velas enjunca: 
ya vendrá el deshielo de tu alma glacial; 
ya, por cada rosa que tu mano trunca, 
brotará un retoño, crecerá un rosal... 
Derrotado siempre y abatido nunca, 
yo, con sueños rotos, labro un ideal. 

12 



Amado N e r v 

J ... Y así marcharemos, hasta que en su día 
^ cuajen las ternuras sobre el desamor, 
y mi pobre boca, que sólo sabía 
murmurar: «mañana...», clame por fin: «¡mía!» 
¡La perseverancia siempre da su flor! 





^ 



14 




SI MI AMOR ES PECADO.., 



Oí mi amor es pecado, 
íya está bien castigado! 
Pero, si no lo es, 

esta siembra de espinas, que inconsciente 
haces tú en mi pobre alma diariamente; 
esta sangre que viertes y no ves, 
¡en qué compensaciones milagrosas, 
en qué cosecha púrpura de rosas 
florecerá después! 



1» 



I 




ORACIÓN 



n 



ÚMENES misteriosos 
que nunca fuisteis carne, 
pues menester no hubisteis 
la prueba y la enseñanza de encarnarse; 

inteligencias hondas, 
serenas, ágiles, 
que moráis en el éter 
imponderable; 

que tembláis en los pálidos 
destellos estelares 
y bajáis por los hilos de la lluvia 
como por una escala de diamantes; 

que hacéis del arco iris 
un puente para alcázares 
de ensueño, y del ocaso 
un brasero de ópalos y esmaltes; 
16 



Obras Completas 

espíritus ignotos, 
potencias formidables, 
de parar una estrella 




17 



Tomo XXVII. 



m 



N 



en su camino espléndido, capaces; 

piadosos como soles, 
hermosos como arcángeles, 
blancor de la blancura, 
¡divinidades! 

Donadores más tácitos 
cuanto más liberales; 
pensamientos más nítidos 
cuanto más inefables; 

custodios escondidos, 
pero siempre eficaces; 
¡sublimes valedores 
de los mortales! 

Fuerzas ultraconscientes, 
radiosas voluntades: 
por piedad, una gracia 
sin par os pido: ¡haced que ella me ame! 




18 



LOS GRANDES SEÑORES 



JlLn qué se conocen los grandes señores? 
¡En que otorgan las grandes mercedes! 
Si el don que te pido es de los mayores, 
señor eres tú que todo lo puedes. 

Al divino Mago cuyos cofres plenos 
son los infinitos ámbitos serenos 
en que van bogando las estrellas de oro, 
fuera gran desdoro 
demandarle menos. 



19 




DIOS HARÁ LO DEMÁS 



(JuE es inútil mi afán por conquistarte; 
que ni me quieres hoy ni me querrás... 
Yo me contento, Amor, con adorarte: 
¡Dios hará lo demás! 

Yo me contento, Amor, con sembrar rosas 
en el camino azul por donde vas. 
Tú, sin mirarlas, en su seda posas 
el pie: ¡quizá mañana las verás! 
Yo me contento, Amor, con sembrar rosas. 
¡Dios hará lo demás! 



30 




PUDIERA SER 



IIres inexorable, bien amado, 
con este pobre corazón abierto, 
que se desangra. 

¡Pero ten cuidado: 
no sea que te nazca un impensado 
y cruel amor por mí, después de muerto! 

Porque entonces será vano tu grito 
ante la eternidad trágica y honda... 
Restituida mi mente al Infinito 
y deshecha en su hueco de granito 
mi carne... ; quizá ti viento te responda! 



SI 




TESTARUDEZ 



JlIres castillo de acero, 
con valladares de abrojos, 
erguido en monte altanero; 
mas, cerrando puños y ojos, 
yo te digo: «¡quiero, quiero! > 

Ello tiene que llegar; 
ello por fuerza ha de ser. 
¡Veremos quién va a ganar, 
si tú a fuerza de negar 
o yo a fuerza de querer! 



22 




PARA ENCONTRARTE 



X ARA encontrarte, ¡cuánto camino, 
cuánto camino tuve que hacer! 
Fui de la mano de mi destino, 
anda que anda, pero sin ver... 
Salvé montañas y valladares, 
crucé desiertos, pasé los mares, 
vi tantas veces amanecer, 
soñando siempre con la alborada 
azul y trémula de tu mirada. 
¡Cuánto camino, mi bien amada, 
cuánto camino tuve que hacer! 

En cuantos versos tracé tu cara, 
sin conocerla, como si para 
que los leyeras más tarde ¡oh Bien! 
por ti inspirados hubiesen sido. 
Todos mis versos han presentido 
de tus miradas el claro edén. 

¡Tristes, alegres, mediocres, bellos, 

24 



Obras C o m pie 

todos son tuyos! Hazte con ellos 

ramo de flores, tú que eres flor, 

o con sus chispas y sus destellos 

y el oro pálido de tus cabellos, 

una aureola cuyo fulgor 

dé a tu cabeza, que se levanta, 

como un corimbo, 

como una rosa, nimbo de santa 

deslumbrador... 

o todavía más puro nimbo: 

nimbo de amor. 




EL día que me quieras 



Ül día que me quieras tendrá más luz que junio; 

la noche que me quieras será de plenilunio, 

con notas de Beethoven vibrando en cada rayo 

sus inefables cosas, 

y habrá juntas más rosas 

que en todo el mes de mayo. 

Las fuentes cristalinas 
irán por las laderas 
saltando cantarínas, 
el día que me quieras. 

El día que me quieras, los sotos escondidos 
resonarán arpegios nunca jamás oídos. 
Éxtasis de tus ojos, todas las primaveras 
que hubo y habrá en el mundo, serán cuando me quieras. 

26 



Obras Completa 

Cogidas de la mano, cual rubias hermanitas 
luciendo golas candidas, irán las margaritas 
por montes y praderas 

delante de tus pasos, el día que me quieras... 
Y si deshojas una, te dirá su inocente 
postrer pétalo blanco: ¡Apasionadamente! 

Al reventar el alba del día que me quieras, 
tendrán todos los tréboles cuatro hojas agoreras, 
y en el estanque, nido de gérmenes ignotos, 
florecerán las místicas corolas de los lotos. 

El día que me quieras será cada celaje 
ala maravillosa, cada arrebol miraje 
de las Mil y Una Noches, cada brisa un cantar, 
cada árbol una lira, cada monte un altar. 

El día que me quieras, para nosotros dos 
cabrá en un solo beso la beatitud de Dios. 



1915 



27 




SED,., 



V^ADA día que pasa sin lograr que me quiera 
es un día perdido... 

jOh señor, no permitas, por piedad, que me muera 
sin que me haya querido! 

¡Porque entonces mi espíritu, con su sed no saciada, 
con su anhelo voraz, 

errará dando tumbos por la noche estrellada, 
como pájaro loco, sin alivio ni paz! 

(Leído el 2Í de abril de 1915). 



ANSIEDAD 



Jr ARA qué enconas tu mal 
con impaciencias premiosas? 
Está tierno tu rosal 
y no puede darte rosas; 
... ipero aguarda, que es fatal 
la madurez de las cosas! 



S9 




INCONSCIENCIA 



\^0N la inconsciencia de las mujeres, 
tú te imaginas libre de mí, 
e ignoras todo lo que me quieres 
¡porque no sabes mirar en ti! 



90 



CALLADOS 



Así, callados los dos! 
¡Muy cerca los dos... así! 
¡Déjame pensar en Dios, 
que es también pensar en ti! 



91 




EN TODO 



Y< 



o en todo encarno ideal. 
Para mi sed inmortal 
todo beso es eucarístico, 
y pongo un impulso místico 
hasta en el amor sexual. 



u 




EL RAYO VERDE 



JVlis ojos tienen ardor 

de juventud, porque espero 

aún tu visita, amor! 

Me debe el sol un fulgor, 

quizá su fulgor postrero: 

su rayo verde, color 

del esperar de que muero... 



59 



Tomo XXVIl. 



EL ALUD 



C-.ADA día que aguardas, ¡oh mi sueño!, 
es una joya más en la diadema 
de tu realización, es un quilate 
más en el oro de mi dicha próxima. 

Después que cristalices, repasando 
yo todo el tiempo de mi espera muda, 
de mi resignación y mi paciencia, 
sucederá que el goce, que al principio 
creí exprimir cuando mi Bien lograra, 
con la eficaz alquimia 
de mi esperanza lenta, 
se habrá trocado en la delicia máxima, 
en la más honda de las beatitudes, 
en substratum de miel... 

Cada segundo 
de ese goce ha de ser sagrado, místico; 
mi corazón habrá de derramarse 
$4 



Obra 5 '' Completa 

como aceite^oloroso en el altar 

de la CAUSA suprema, 

la cual, antes que todo, 

permitiendo que yo perseverara 

con el perseverar inquebrantable 

que es primer condición de los prodigios, 

concedió así a mi intento 

una efectividad maravillosa. 

(Hiere, hiéreme, pues, con tus torturas, 
aguijón de mis ansias! 

¡Penetra sin piedad en mis tejidos 
sangrientos, profundiza hasta mi médula; 
clávate en mi alma misma! 
¡Esté yo a punto de morir, sediento 
desta agua milagrosa que codicio! 

Como el alud aumenta en su carrera, 
aumentará mi anhelo en su imponente 
rodar hacia la meta que vislumbro, 
tornándose en poder irresistible, 
en un agente de fatalidad, 
en flecha del divino 
y misterioso Arquero 
que se clava en el blanco de contino; 
en impulso esencial de mi destino, 
¡que ya quiere no más lo que yo quiero! 

7 de marzo de 1915. 



25 




AL oído 



C 



.ON VOZ tenue, velada 
por emoción muy honda, bajo la luz discreta 
de la lámpara, así decía aquel poeta 
viril a una mimosa púdica: su adorada: 

«¡No te impongan los rasgos altivos de mixara, 
no temas la energía de mi mirar, que doma 
espíritus hostiles con su fijeza clara: 
yo tengo perfil de águila... y entrañas de paloma! 

>|Mi garra duerme oculta bajo plumón mullido, 
y sólo estrangulando víboras se contrae. 
Mi boca nunca dice: yo quiero; dice: pido! 
Mi voluntad es fuerte, mas con dulzor atrae.» 

<Mi voz conoce todos los registros del clave; 
mi beso es docto y no aja ni un pétalo de rosa. 
Mi instinto, en los problemas de amor, todo lo sabe, 
con una ciencia arcana, profunda y misteriosa.» 

56 



Obras Completas 

<No mires si en mis sienes hay escarcha octubreña: 
nuestras almas sin años hablan un mismo idioma. 
¡Junta tu cara nivea con mi cara trigueña; 
reclínate en mi hombro sin miedo; duerme... sueña. 
¡Yo tengo perfil de águila y entrañas de paloma! > 

Noviembre de 1915. 




S7 




V Tú, ESPERANDO. 



X^^ASAN las hoscas noches cargadas de astros, 
pasan los cegadores días bermejos, 
pasa el gris de las lluvias, huyen las nubes 
...¡y tú, esperando! 

¡Tú, esperando y las horas no tienen prisa! 
¡Con qué pereza mueven las plantas torpes! 
Las veinticuatro hermanas llevar parecen 
zuecos de plomo. 

Esa rosa encendida ya se presiente, 
entre los gajos verdes de su justillo. 
Entre los gajos verdes su carne santa 
es un milagro. 

¡Pero cuándo veremos la rosa abierta! 
Dios eterno, tú nunca te precipitas; 
mas el hombre se angustia porque es efímero. 
¡Señor, cuándo veremos la rosa abierta! 

38 




SIEMPRE 



Y cómo harás en lo futuro versos? 

—Haré mis versos sin hacerlos... casi 

fluidos, casi inmateriales, tenues, 

sin palabras apenas, 

o palabras que formen leve reja, 

delgada reja, tras la cual asome, 

tembloroso, mi espíritu desnudo; 

mi espíritu sediento 

y hambriento de supremas realidades; 

ávido de saber la sola cosa 

que hay que saber en vísperas 

de la gran travesía... 

¿Y no amarás? 

— ¡Ay! sí, porque he nacido 
para amar... Bien quisiera 
que a lo invisible abriese su corola 
únicamente el alma; 
59 



m a d o N e r V 

pero no puedo aún: Eva sonríe, 
y tras ella, prendido mi deseo 
en el rayo de sol de su sonrisa, 
vuela, incapaz de detenerse, amigo! 

Me temo, pues, que mi postrero canto 
sea un canto de amor... 

Enero, 19, de 1916. 




40 



I\ 




EL VIÁTICO 



lLs de noche. Hace frío. 

Está solo el cantor. 

¡Antes de que se vaya para siempre, Dios mío, 

dale aún ese'lviático divino del amor! 



41 




¡COMO UNA MARIPOSA! 



C 



OMO una mariposa se para en un espino, 
posáronse las alas del Ensueño divino 
en mi alma triste y hosca. Posáronse un instante 
sólo; mas la espinosa 

planta ya nunca olvida la blancura radiante, 
el blando impulso trémulo, la gracia palpitante 
de aquella mariposa... 



1 




LA VENGADORA 



Oh! vengadora gentil 
de una mujer ideal, 
a quien mi amor hizo mal 
y que se murió en su abril: 

Me buscabas entre mil 
a través del erial; 
y me llegaste fatal, 
fatal como un proyectil. 

Castigas en mí el ayer; 
porque mi sino mandó 
que, idolatrándote yo, 
pagara con padecer 
por ti, lo que otra mujer, 
queriéndome, padeció. 



21 de abril 1916. 



45 




LO MÁS INMA 7 ERIAL 



JVlE dejaste (como ibas de pasada) 
lo más inmaterial, que es tu mirada. 

Yo te dejé (como iba tan de prisa) 
lo más inmaterial, que es mi sonrisa. 

Pero entre tu mirada y mi risueño 
rostro, quedó flotando el mismo ensueño. 



44 




DOS MISTERIOS 



JlLn ios ojos de una bella 
hay más de un misterio; hay do«: 
el dulce misterio de ella, 
y el gran misterio de Dios. 




LA LLAMA 



lL^í tu frialdad esquiva, 

quieres que, quien te ama con fervor de poeta, 

sin inquietarte viva... 

¡Y cómo podrá el mísero tranquilizar su llama! 

¿Viste una llama inmóvil? ¿Viste una llama quieta? 



46 



EL CLAVO DE ORO 



(^LÁVAME un clavo de oro, 
clávame un clavo de oro dentro del corazón, 
¡oh, tú, mujer ambigua que por mi mal adoro, 
clávame un clavo de oro dentro del corazón!» 

Así decía el trémulo estribillo sonoro 
de aquel juglar; así decía su canción. 

«¡Clávame un clavo de oro, 
mejor que el fiero dardo 
desas tus despiadadas pupilas de leopardo; 
mejor que la ironía 
de tus palabras crueles, 
a la cual hace coro 

tu sarcástica risa llena de cascabeles; 
mejor que tus respuestas ayunas de emoción! 
¡Oh, tú, mujer ambigua, que por mi mal adoro, 
clávame un clavo de oro, 
clávame un clavo de oro dentro del corazón!» 

47 



Amado Ñervo 

«¡Clávame un clavo de oro, mejor que tus inquinas, 
mejor que tus enojos; 

mejor que de tus labios de rosa las espinas, 
mejor que los falaces topacios de tus ojos! 
Mejor que de tus hoscos desdenes las escamas, 
mejor que las avispas de tantos epigramas, 
ante cuyo aguijón 
de angustia y rabia lloro! > 

«¡Oh, tú, mujer ambigua, que por mi mal adoro, 
clávame un clavo de oro 
dentro del corazón! > 

Jfttlio de 1918. 





PAZ 



Jíntre las brasas vivas de esos tus labios rojos, 
arde una llama cuyo poder es muy capaz 
de consumir los áridos sarmientos y rastrojos 
de mi heredad... ¡Aléjate! ¡Me conturban tus ojos! 
Deja a mi pobre otoño desvanecerse en paz. 

Deja que a Dios se vuelva para ofrecerle el fruto 
de sus meditaciones y su dolor tenaz. 
Ya para mí es sagrado, mujer, cada minuto. 
No impidas que mi vuelo se pierda en lo absoluto. 
¡Deja a mi pobre otoño desvanecerse en paz! 

Julio deil916. 



Tomo XXVII. 




todavía no 



Ah! no, no, todavía no te vayas, amor. 
|Ah! no, no, todavía... 

En mi otoño hay fulgor, 
en mi cerebro lumbre. 

El sol mágicamente reverbera en la cumbre. 
¡Ah! no, no, todavía no te vayas, amor. 

Algo aprendí en la vida, y un poquito de ciencia 
da precio a las ternuras... 

Tengo mucha indulgencia 
para las cabecitas jóvenes; mi alegría 
es cordial; y aún conserva su virgen transparencia 
mi ingenuidad de niño (tan docta en su inocencia). 
Amor, no, no te vayas, quédate todavía. 

§0 



o h r a $ Completas 

Llevo en mi vieja alforja filtros para los males 
más enconados; alas para los ideales 
enfermos, para todo desánimo vigor; 
para melancolías de doncellas, remedio, 
y sé contar historias que destierran el tedio... 
¡Ah! no, no, todavía no te vayas, amor. 

Amor, no, no te vayas: yo posaré en tus rosas 
mis labios, tan ligeros como dos mariposas, 
y no ajaré ninguna de sus corolas gayas. 
Para tocar la carne sagrada de tus diosas, 
serán misjmanos blandas cual sedas temblorosas. 
Amor, no,|no¿te,vayas. 




11 



VOLVERÁS, AMOR 



Volverán las tardes, cárdenas o rojas; 
volverán los ortos llenos de esplendor; 
volverán las flores, volverán las hojas; 
volverás, amor. 

Volverás más tierna que te fuiste, acaso. 
Larga fué la ausencia; la separación 
puso palideces en tu tez de raso, 
y un poco de triste lumbre del ocaso 
en tus ojos llenos de meditación... 

Para dar templanzas a nuestro ardimiento, 
fué la ausencia nieve, de diafanidad 
azulada y casta... 

Cuando tornes, siento 
que habrá en tus miradas más recogimiento 
y habrá en mis caricias más austeridad. 

52 




A LOS CUARENTA V CINCO 



JVlusA, a los cuarenta y cinco, 
hagamos, con más ahinco • 
que nunca, versos de amor, 
recubriendo los otoños 
invasores con retoños 
de primaveral verdor. 

A fin de que las muchachas, 
locuelas y vivarachas, 
ornen nuestra soledad 
y a nuestro lado se encanten, 
que nuestros versos les canten 
cosas propias de su edad. 

Tenemos algunas canas 
tal vez, y arrugas... (¿tempranas?) 
que urge hacerse perdonar, 
53 



m a d o N e r V 

y conviene que las bellas 
no reparen, ¡ay!, en ellas 
... o finjan no reparar. 

j Demos a la vagarosa 
rima alas de mariposa; 
vistamos nuestro soñar 
de blancos y leves tules; 
contemos cuentos azules, 
que son lindos de contar! 

¡Nada adusto, nada serio! 
¡Por hoy, reciba el misterio 
que nos seduce, un adiós: 
y en vez del vuelo aquilino, 
en las alas de un divino 
beso, vayamos a Dios! 

¡Conque, Musa, ya lo sabes: 
en mis crepúsculos graves 
pon auroral resplandor, 
y así, a los cuarenta y cinco, 
haremos, con más ahinco 
que nunca, versos de amor! 

Agosto, 1.*, de 1915. 



i4 



DURA LEY 



V^uiEN SU desventura 

con tanta premura, 

¡oh! mujer, buscara, buscándote a ti, 

si tu gran poder 

cupiese vencer! 

... ¡Mas no puede ser! 

|Una ley muy dura lo ha querido así! 

En balde los años la sien del filósofo de plata coronan: 
tus ojos de fiebre, que nunca perdonan, 
su sangre calientan hasta el frenesí. 
Y en las ondas trágicas de un mar de demencia, 
muere su cordura, naufraga su ciencia. 
... ¡Una ley muy dura lo ha querido así! 



§5 




EL AMOR NUEVO 



T( 



ODO amor nuevo que aparece 
nos ilumina la existencia, 
nos la perfuma y enflorece. 

En la más densa obscuridad 
toda mujer es refulgencia 
y todo amor es claridad. 

Para curar la pertinaz 
pena, en las almas escondida, 
un nuevo amor es eficaz; 
porque se posa en nuestro mal 
sin lastimar nunca la herida, 
como un destello en un cristal. 

Como un ensueño en una cuna, 
como se posa en la ruina 
la piedad del rayo de luna. 
56 



o h 



m p 



I 



t a 



Como un encanto en un hastío, 
como en la punta de una espina 
una gotita de rocío... 



¿Que también sabe hacer sufrir? 
¿Que también sabe hacer llorar? 
¿Que también sabe hacer morir? 

—Es que tú no supiste amar... 

26 de enero de 1918. 




67 




EL VIAJE 



INo hay dos olas idénticas ni dos vidas iguales. 
¿Cómo quieres que un lazo ligue siempre a los dos, 
si son ¡ay! tan disímiles nuestros bienes y males, 
si de rumbos distintos soplan los vendavales 
y es diverso el camino que nos lleva hacia Dios? 

No hay dos ondas iguales ni una vida gemela 
de otra. Si un solo día el mar pudo mezclar 
los hervores de plata de tu estela y mi estela, 
si meció al par las lonas de tu vela y mi vela, 
bendigamos, amiga, la clemencia del mar. 

Bendigamos la breve travesía, el miraje 
de la isla encantada que se esfuma detrás; 
bendigamos las olas de esmeralda y encaje, 
y guardemos, amiga, del sublime viaje, 
un sabor de infinito que no muera jamás... 

Abril. 16, de 1918. 




lELLAl 



Voy por montes y valles persiguiendo su huella, 
y suplico a los hados: «Dadme ya esa doncella, 
que no vivo de amarla, que me muero de afán...> 
Mas los hados no aciertan a entender mi querella, 
y me ofrecen las rosas y me ofrecen la estrella. 
¡Yo no quiero más que ella, y ella no me la dan! 
Son benévolos, cierto, y en mil dones abundo. 
Voy colmado de dones por las sendas del mundo. 
¡Tal vez muchos, mirándolos, de mí celos tendrán! 
Pero yo, como flecha que su blanco no alcanza, 
vuelo y vuelo con alas de mi loca esperanza, 
solamente tras ella... 

¡Y ella no me la dan! 

Abril, 19. 
69 



EL ENSUEÑO OLVIDADO 



H. 



E olvidado un ensueño... 

Tristemente sentado 
al borde de mi lecho, con ahinco penoso , 
quisiera recordar lo que anoche he soñado. 

Fué un ensueño muy raro, muy bello y misterioso; 
mas, si pretendo asir sus telones flotantes, 
se vuelven gasas leves, después brumas distantes, 
y al fin se desvanecen en límite borroso. 

¡Ay mísero de mí, que un ensueño he olvidado! 
Poblaban deliciosas figuras de mujeres 
su tenue claro-obscuro... Una de ellas me ha amado: 
muy rubia, en cuyas dulces pupilas pensativas 
brillaba el imperioso designio de mi hado. 

Sus labios me dijeron cosas definitivas. 
¿Cuáles?... ¡Diera mi viejo corazón por poder 
acordarme de aquellas palabras de mujer! 

60 



o h r a ít Completas 

Heme, pues, vanamente despierto: ¡quién asiera 
los trémulos cendales de luz de la quimera 
que voló! 

¡Qué me resta de mi obscuro pasado 
si ya perdí el tesoro más rico, si he olvidado 
el ensueñoí^mejor que jamás he soñado! 




61 




DESUNO 



JL)estino, dime dónde, cómo, cuándo... 
¡Considera que un alma está esperando! 

Considera su angustia, considera 
todo el desesperar de quien espera. 

Este amor, tanto y tal 
que es a un tiempo todo carne, todo luz, todo ideal, 
este amor que por grande me acerca a lo absoluto: 
¿ha de morir sin flores? ¿se ha de secar sin fruto? 

¿Habré plantado en balde mis rosales? 
¿Han de helarse, ya rubios, mis trigales? 

(Preguntar estas cosas, ¡oh! Dios mío, 
con la fe que yo tengo, ¿no es impío?) 

62 



o h 



m 



I 



t a 



Destino, cuya mano, si la toca, 
hace nacer la linfa de la roca 
y el bien o ei mal con rudo impulso fragua: 
acuérdate de mí: soy una boca 
que se muere de sed junto del agua. 

Soy, en la altiplanicie de la vida, 
un alma que, a las luces del ocaso, 
con febril ansiedad apura el^paso, 
por llegar a la tierra prometida... 

¡Destino, dime dónde, cómo, cuándo! 
Considera que un alma está esperando. 



Julio de .918. 




6i 




NOBLEZA OBLIGA 



V OY firme por mi camino, 

juzgando al Destino fiel: 

me prometió de su vino, 

me prometió de su miel 

y me prometió el divino 

logro del Ensueño aquél... 

— ¿Que me engaña? Allá el Destino. 

¡Yo, creyente noble y fino, 

cumplí ya confiando en él! 

26 de julio de 1918. 



64 




LA HIEDRA 



INo esperes que, vencido en la contienda, 
levante yo de mi querer la tienda; 
vine para triunfar, o a que me mate 
tu esquivez, y ante ti, torre altanera, 
has de ver ondeando mi bandera, 
mientras no caiga muerto en el combate. 
No me es dado cejar, no es culpa mía: 
nací tenaz, mi voluntad bravia 
es a la vez mi orgullo y mi tormento. 
iQué más quisiera yo que no adorarte! 
¡Qué más quisiera yo que desceparte 
de la hondura sin fin del pensamiento! 

65 
Tomo XXVII. 



Amado N e r 

i Pero no puede ser! Tengo por fuerza 
que idolatrarte; ¡quién habrá que tuerza 
la ruta de diamante de mi hado! 

Si un día, de tu ojiva, mi oriflama 
no mirases flotar como una llama 
sobre el hosco desierto desolado, 

no pienses: «Ha cedido, ya me deja 
y por la inmensa soledad se aleja, 
de mi desdén inexorable cierto... > 
Piensa más bien (y acertarás sin duda): 
«Cayó por fin sobre la tierra muda... 
¡Ay, mi más fiel adorador ha muerto!» 

Mas no juzgues por eso que vencido 
este mi amor sin límites ha sido: 
tenaz aún bajo la misma piedra 
que me oculta por siempre de tus ojos, 
como un símbolo irá, de mis despojos, 
reptando por tus muros una hiedra! 

10 de agosto de 1918. 



66 




OPULENCIA 



1 AN Opulento es'mi amor, 
que puede dar buena parte 
a los que quieran amarte, 
para que te amen mejor. 

Tan grande, que en él no hay fin; 
tan fiel, que es fulgor perenne; 
con tantas alas, que tiene 
más alas que un serafín. 

Tan noble, que ayuda al vuelo 
de quien subir a ti quiera; 
tan ardiente, que volviera 
viva lumbre al mismo hielo. 
Tan vario en formas y modos, 
que parece mil amores... 
Vengan, pues, tus amadores, 
que aquí hay todo para todos. 

67 



Amado N e r 

Y tú coge, mi adorada, 
de tu riqueza infinita, 
cuanto tu alma necesita 
para estar bien alhajada. 

Toma de su inmensidad, 
sin miedo, sin parvedad, 
sin límite, sin medida, 
¡que hay amor para una vida 
y para una eternidad! 

Agosto, 19, de 19l«. 




68 



h 



TRANSFORMACIÓN 



OEÑ0R,^tú que transformas sin fin todas las cosas, 

que las orugas pálidas truecas en mariposas 

y en flores milagrosas 

los gérmenes de ayer, 

transforma el corazón glacial de esa mujer. 

Tú que eres todo amor y solo amor, ¿acaso 
no podrías verter 

un poquito de amor por mí en el breve vaso 
del corazón de esa mujer? 

Septiembr«-2-1918. 



69 



LA PUERTA 



r OR esa puerta huyó, diciendo: «¡Nunca!» 
Por esa puerta ha de volver un día... 
Al cerrar esa puerta, dejó trunca 
la hebra de oro de la esperanza mía. 
Por esa puerta ha de volver un día. 

Cada vez que el impulso de la brisa, 
como una mano débil, indecisa, 
levemente sacude la vidriera, 
palpita más aprisa, más aprisa 
mi corazón cobarde que la espera. 

Desde mi mesa de trabajo veo 
la puerta con que sueñan mis antojos, 
y acecha agazapado mi deseo 
en el trémulo fondo de mis ojos. 

¿Por cuánto tiempo, solitario, esquivo 
he de aguardar con la mirada incierta 
a que Dios me devuelva compasivo 
a la mujer que huyó por esa puerta? 

71 



A\mado^^\Nert 

¿Cuándo habrán de'temblar esos^cristales 
empujados por sus manos ducales, 
y, con su beso ha de llegarme ella, 
cual me llega en las noches invernales 
el ósculo piadoso de una estrella? 

¡Oh, Señor!, ya la pálida está alerta; 
¡oh, Señor!, cae la tarde ya en mi vía 
y se congela mi esperanza yerta! 
¡Oh, Señor, haz que se abra al fin la puerta 
y entre por ella la adorada mía! 
... ¡Por esa puerta ha de volver un día! 




72 




QUOUSQUE TÁNDEM 



Y cuándo acabarás 

de pasear tu tedio por las cosas, o por 

los hombres, entre quienes como fantasma vas? 

Tú eres el espectáculo y tú el espectador: 

mentira (¡cuan amarga mentira!) lo demás... 

Adéntrate en ti mismo, 
digiere lo que viste, 
húndete en el mutismo 
de tu mundo interior, 

y asómate, si puedes, al edén que perdiste... 
Todo lo que vislumbres, dentro de tu alma existe, 
y es tu propio espectáculo y tú el espectador... 

Noviembre-30-1918. 



n 




SUEÑA 



oí vivir solo es soñar ^ 
hagamos el bien soñando. 
Sueña que vives amando, 
que es tu solo fin amar 
y sueña que, sin cesar, 
vas los bienes derramando. 



74 




PLEGARIA 



OEÑOR, ¿qué hiciste a esa bella por quien padeciendo estoy? 
¿Por qué si es ella glacial, glacial como ella no soy? 
O dame su indiferencia o dala mi ardor: así 
suprimes causa a su tedio y razón a mi querella. 
Haz que yo sienta por ella lo que ella siente por mí, 
o que ella sienta por mí lo que yo siento por ella. 

Junio de 1918. 



76 




EN TI SOLA PENSANDO 



lÍN ti sola pensando; 
con los ojos despiertos 
y los brazos abiertos, 
yo te estoy esperando... 

Sabes bien que te espero: 
¿por qué, pues, te demoras? 
Ya no pierdas las horas 
en mirar el sendero. 

Ya tu paso apresura, 
que la tarde fenece, 
y la noche parece 
que será muy obscura... 

Si en las landas tranquilas 
encontrases reparos, 

76 



Obras Completa 

que te sirvan de faros 
mis ardientes pupilas; 

mis dos ojos que, oteando 
los parajes desiertos, 
velan... ¡ay, desde cuándo! 
mis dos ojos abiertos 
que te^están^ esperando. 

Marzo-27-1919. 




77 




DILIGE 



J\ma, y serás venero de fulgores 
en toda obscuridad, en todo horror. 
Ama, y conquistarás la altiva meta. 
Ama, y los cardos tornaránse flores 
ante tu firme paso triunfador... 
Un carpintero y unos pescadores 
cambiaron los destinos del planeta 
con un poco de amor... 

Mayo de 1918. 



78 



¿QUÉ ANSIAS? 



(^uÉ ansias? 

—Bien lo sabes: el dulce privilegio 
de que, con esa voz más blanda que un arpegio, 
un «te quiero» modules, 

mientras vuelcan en mi alma su sin par sortilegio 
las dos urnas de ensueño de tus ojos azules... 
— €¿Qué ansias?» 

—Que fundidos los firmes corazones, 
vayamos al misterio con las manos muy juntas, 
llevando en nuestras bocas idénticas preguntas, 
llevando en nuestros ojos idénticas visiones. 



79 




MADRIGAL 



X OR tus ojos verdes yo me perdería, 
sirena de aquellas que Ulises, sagaz, 
amaba y temía. 
Por tus ojos verdes yo me perdería. 

Por tus ojos verdes en los que, fugaz, 
brillar suele, a veces, la melancolía; 
por tus ojos verdes, tan llenos de paz, 
misteriosos como la esperanza mía; 
por tus ojos verdes, conjuro eficaz, 
yo me salvaría. 

México-octubre- 1918. 



80 



II 

poesías varias 

(Estas poesías nunca fueron re- 
cogidas en volumen por el autor.) 



Tomo XXVII. 




LA INCURSIÓN 
(EL «RAID») 



JlLn la noche de bodas 
(la más triste de todas, 
o más feliz acaso, 
por lo que ya después 
se dirá) pasó el caso... 
raro o no raro; pues 
con lo que ocurre en esta 
guerra más que funesta, 
ya nada raro es. 

Tras las dulces primeras 
caricias, enlazadas 
las manos, él decía: 

8» 



m a d o N e r 

<— i Siempre estarás conmigo, 
vida mía! 

Ya es común nuestra suerte, 
ya no podrán romper 
nuestro firme querer 
ni el dolor ni la muerte. 
iSiempre estarás conmigo, 
vida mía!» 

Y ella: «¡Siempre contigo, 
siempre!» le repetía. 

Mas¡he aquí que, en potente 
vuelo, de los confines 
del Oriente, 
llegan dos zepelines 
—fantasmas de aluminio— 
mostrando, a los fulgores 
vividos y violáceos 
de alertas reflectores, 
sus vientres de cetáceos, 
¡preñados de exterminio! 

Ya cruzan por el cielo 
de la ciudad, ya fían 
al espacio sus bombas 
incendiarias, cual trombas 
de fuego, condensadas... 
En la ciudad, dormían 
las gentes confiadas. 

De pronto— ¡lo fatal! — 
una bomba en el techo 
84 



o b r a $ Completa 

de la alcoba nupcial, 

abriéndose hasta el lecho 

un camino brutal, 

en el preciso instante 

en que el novio decía, 

y ella lo repetía 

con voz queda y amante: 

<iYa es común nuestra suerte, 

ya no podrán romper 

nuestro firme querer 

ni el dolor ni la muerte! > 

Un estruendo tremendo, 
una gran llamarada, 
y después del estruendo, 
nada... 

¡Ni un grito de pavura! 
¡Silencio aterrador, 
sobre la ensangrentada 
blancura 
de aquel lecho de amor. 

¡El esposo y la esposa, 
en una misma fosa 
su sueño dormirán, 
y sus diestras heladas, 
juntas y enclavijadas, 
ya por siempre enlazadas 
en la tumba estarán! 

Septiembrft de 1915. 
85 




EL LIRIO CÁRDENO 



JlLn el jardín del Alcázar luce un gran lirio morado, 
un gran lirio cuya pompa las demás flores humilla, 
y que en su altivez enhiesta parece un abanderado 
que majestuoso enarbola el pendón real de Castilla. 

No hay reyes ya, ni hay infantes que por los sitios umbrosos 
discurran como en las tardes de otros tiempos discurrían, 
comentando bellos lances venatorios o amorosos 
y ostentando, a las miradas 
de los villanos ingenuos, aquellas ropas chapadas 
que traían. (1) 

La sala de Alfonso el Sabio luce grecas de oro viejo 
y hay un balcón donde el cielo miraba el Rey, que al saber 
los absurdos del sistema tolemaico, muy perplejo 
pensó que si le llamara Dios a su santo Consejo 
antes de construir el mundo... mejor le hubiera de hacer. 



(1) Véase el vol. XVII, pág. 186. 

86 



o h r a s Completas 

¡Cuántas «acordadas músicas» aquestos muros oyeron! 
Cuántas trovas estas torres en la quietud oportuna...! 
r estas grises galerías ¡cuántas veces pasar vieron 
a majestad desdeñosa de don Alvaro de Luna! 

En los campos melancólicos los ciervos vienen y van, 
/ parece que, añorando las dulces cosas que fueron, 
ios murmuran al oído: «¡Qué se hizo el rey don Juan...! 
^os infantes de Aragón 
qué se hicieron!» 

Madrid, 1916. 




87 




LAIESCENA INMEMORIAL (D 



Ün el recogimiento de tw celda, la anciana 
Teresa (nueve lustros de amor inmaculado) 
platica con su Cristo. 

La luz de la ventana 
reverbera en la cárdena faz del Crucificado. 
Tarde glacial de Avila... 

Inicia una campana 
con una dulce esquila su gran diálogo alado. 

— «¡Señor, dice Teresa, por ti todo martirio 
me es dulce; padecer quiero o morir, Señor! > 
Y al expresarlo, enciéndese su palidez de lirio, 
sus brazos, castamente, ciñen al Salvador. 
Los ojos del Maestro tienen más luz que Sirio, 
y cada llaga se abre como divina flor. 



(1) V. vol. XVII, pág. 186. 
88 




:,9 



EL PICAPEDRERO 



Jíl picapedrero, pedazo a pedazo, 
quebranta la piedra, y es como el destino, 
que esgrime su mazo, 
y a fuerza de golpes te vuelve divino. 

Sin golpes de mazo, la luz no chispea 
como pensamiento del pedrusco herido... 
Destino, buen picapedrero, golpea, 
y nazca a tus golpes brillando la idea, 
y surja en las almas el dios escondido. 

Buenos Aires, abril-19-1919. 



90 




ARS POÉTICA ^^"^ 



A Y de ti si tuvieses talento siempre igual, 
si no mostrara nunca tu gráfico mental 
depresiones muy hpndas, salientes muy agudas! 

Los estilos parejos son planicies desnudas 
en que nada culmina ni se deprime; son 
el perenne bostezo de la ponderación; 
el burgués ne quid nimis, para el que todo osado 
volar es un delito, y el genio un gran pecado, 
que detesta al rebelde con aspaviento y saña, 
y habla de disciplina «que ha de salvar a España> 
(ranas jerarquizantes que, en su charca croando, 
están por el «principio de autoridad» clamando). 
La unidad de la obra literaria: blasfemia. 
Eso será muy bueno para ir a la Academia. 
«¡La simetría!» ¡estética del tonto! La ortodoja 



(1) Nota manuscrita: «Sin corregir.» 

91 



Amado N *e r v o 

pauta que jamás turba la digestión ni enoja 

ala ética pura... ¡Oh, mojigatería 

de don Quintín Ramírez y de don Juan García! 

Los versos sin ideas... pero sin asonantes, 
son gratos a los dioses menores... y pedantes, 
El ñoño entendimiento que no acierta a brillar, 
no pudiendo ser óptimo, se queda en « regular >. 
Su ineptitud sonora se reputa castiza, 
y como a nadie inquieta y a nadie escandaliza, 
como ante toda audacia clama «shocking» y gime, 
casi con la licencia del ordinario imprime. 
No hay señorita honesta, confesor, buena esposa, 
que no lo recomiende: es un miércoles rosa. 

Paco Pérez suspira por condecoraciones, 
elogios en los diarios, similor y galones. 
Se muere por las notas sociales, por los grados 
que degradan y honores que deshonran (1). Los hados 
abrumen sus enormes tarjetas de visita 
con cuanto su menguada nulidad necesita. 
El destino lo lleve pronto a la dulce infancia 
senil, que no comete ninguna intemperancia, 
al descanso con momio, al sosiego pacato, 
en que no hay ni la sombra de un leve desacato. 

En cuanto a ti sé grande. Supérate a ti mismo 
siempre, y ama a los genios con sus desigualdades. 
Ya dijo Perogrullo que, sin grandes fealdades, 
no hay grandes hermosuras, ni cima sin abismo.] 

(1) Les honneurs deshonorent et les grades degradent.— 
Flaubert. 

92 




EL BUZO DICE AL HOMBRE PRACTICO 



OiEN hecho es lo que haces: anda, conquista el Polo; 
anda, edifica pueblos; descubre algún pactólo, 
ensucia con tus fábricas el cielo, mercader; 
ladino medra, lucra con ingenio... y con dolo. 
Pero no hagas ruido cerca: ¡déjame solo 
explorar otro mundo que tú no puedes ver! 

Mientras que tú desdeñas al hombre que no gana 
dinero, mientras paces en la abundancia, yo 
descenderé al abismo de la conciencia humana. 
iQuién sabe si tú mismo, tras las vidas, mañana, 
ya afinado, contemples la perla soberana 
que el buzo en los abismos del alma descubrió! 

95 




LOS CINCO GARFIOS 



Oh! los cinco sentidos, cinco garfios 
que se van agarrando a las criaturas, 
¡que se van afianzando a tantas cosas! 

Cinco ganchos del áncora 
que retiene la nave; 
garra de acero, hundida 
en el áspero légamo del fondo... 

El viento sopla en las hinchadas lonas, 
y la nave crepita de impaciencia. 

Tira un marino con viril esfuerzo 
del áncora, mas ella 
está asida a los bancos de corales, 
y la nave retarda 
su viaje misterioso. 
94 



o ¡> r a s C o m p I e t 

Y el nauta muere sin haber zarpado, 
y más tarde es preciso 
recomenzar en nuevo barco ¡ay! 
la travesía. 

. . . Mientras 
con alada esbeltez las otras velas, 
besadas por el sol, huyen, perdiéndose 
en la serenidad dorada y trémula 
del piélago infinito. 



^ 



95 



SI RECORRER.., 



Oí recorrer en paz quieres tu vía 
has menester, gentil amiga mía, 
o la inconsciencia... o la filosofía. 
¿Cuál es el mejor modo de vivir 
sin sombra de dolores...? ¿Es dormir? 
El no saber es siempre el no sufrir. 
No pensar, de la dicha es el secreto 
... o si no, Marco Aurelio y Epicteto. 

Cuando el alma ya esté en el lago quieto 
vive con la inconsciencia deliciosa 
de una trémula y blanca mariposa, 
de un mirlo, de un celaje, de una rosa... 
¡Y acuérdate de mí, Lucila hermosa! 



96 



* <ü 



(Querido Juan Azurmendi: 
Tu apellido es de tal son 
que no rima sino con 
la palabra turca effendi. 

Pero tiene, como augur 
de los más altos destinos, 
la ideal palabra üBur 
que abre todos los caminos. 

... Mas hablemos de otro asunto: 
Hoy, tu carta al recibir, 
invitándome a partir, 
de partir estuve a punto. 

Tus cuartetas en un tris 
me pusieron, del desliz 
de ir a verte hasta París 
o buscarte en Biarritz. 

... Pero pensando que es guasa 
eso de que fresco estés, 

97 
Tomo XXVII. 



m a d c\ N e r 

me dije: ¡quédate en casa 
y no te lo mal emplees! 

Porque has de saber que aquí 
sí que hace fresco de veras. 
(Si tu catarro trajeras, 
ccn él te ibas ¡ay de ti!) 

El Guadarrama se porta 
con una gran corrección, 
y enfriando el viento, acorta 
con su soplo la estación. 

Mientras que en Biarritz, hermano 
(por más que diga el alcalde), 
hace un calor africano 
que no quiero ni de balde. 

Cierto es que viviendo allí 
dos placeres se me dan: 
estar con aquel donjuán (1) 
y tenerte cerca a ti. 

... Mas tales gustos sencillos 
me los amargan de veras 
tantos nobles duqüecillos 
que invaden esas riberas. 

Y cuyo solo valer 
está en haber heredado, 
y en que otros hayan logrado 
lo que ellos nunca han de hacer. 



(1) Que se apuntala en Vichy. 
98 



o h r a s C o m p I e 

Madrid mi tedio restaña, 
no ves poseurs en los clubs (1), 
ni te topas con snobs, 
ni hay bridge, ni grandes de España. 

Aquí puedes andar solo 
sin rey, sin patria y sin amo; 
no te encuentras a Rochólo 
ni saludas a Candamo. 

Todos andan por allá, 
y cuando en el Garitón entras, 
de fijo que los encuentras 
¡y ello te indigestará! 

Aquí mucha paa, donjuán... 
y hay cebada con limón, 
que es toda una bendición, 
y que por un real te dan. 

Los árboles, un follaje 
tienen que no palidece, 
y según están, parece 
que cambian diario de traje. 

Tú que haces versos, ¡qué loa 
escribieras a estas tardes 
que de oro y fuego en alardes 
envuelven a la Moncloa! 

... En fin, no te digo más. 
Dejaré para el otoño 



(1) Debe pronunciarse c/o¿>5. 
99 



m a d o N 

esta villa del madroño, 
y allí en París me verás. 
Por tu Biarrítz pasaré; 
al ostentoso Palais 
o al Garitón iré a buscarte. 
(Y perdona que a tutearte, 
aunque en verso, atrévame.) 




100 




día de fiesta 



risPERÉ a la Amada; mas faltó a la cita; 
esperé a la Gloria; pero no llegó; 
esperé salud... pero nunca vino; 
esperéjortura de quien quise yo, 
y la sola mano desinteresada 
que tuve en las mías, se me congeló! 

Me dejaron tristes, me dejaron solo; 
lancé al aire versos... ¡nadie los oyó! 
Esperé fortuna: no tocó a mi puerta; 
¡Esperé a Dios mismo; pero se escondió! 

Ya no espero nada... mas conozco una 
novia que a la cita no me faltará. 

101 



Amado N e r V 

Tarda, a veces, mucho; pero viene siempre; 
es fiel como perra. Sé que llegará. 

Por enjuta y trágica, muchos tienen miedo 
de sus brazos áridos, de su hoz glacial. 
Para mí ha de ser novia apetecible, 
y su día un día de fiesta cabal: 
el único día que tendré de fiesta, 
desde que camino por el arenal... 




102 




A UN AMIGO QUE LLORÓ CON MIS VERSOS 



Oh! frappe toi le coeur: c'est la quí 
est le géníel 

Alfredo de Musset. 



iVlE dices que lloraste, mis versos escuchando, 
de labios de un amigo, que los recita bien. 
¡Si yo esos pobres versos los escribí llorando, 
qué raro es que al oirlos llorases tú también! 

Mis rimas van al alma, porque del alma salen. 
... Hoy hallará, acaso, poco artificio en mí: 
pero, en el cofre lírico, las perlas que más valen 
son las lágrimas (siempre que del alma se exhalen). 
Si quieres tener genio, búscate el genio allí. 



IOS 




DIOS PRO JEJA A FRANCIA 
(Escrito durante la sran batalla de Ver dan.) 



Uios proteja a Francia la magnífica, 

Dios proteja a Francia la iniciadora, 

Dios proteja a Francia la que siempre ha sabido 

darse al mundo en holocausto! 

A Francia, la que riega con su sangre preciosa 
los diáfanos lirios de los ideales supremos, para 
que perfumen después nuestros espíritus; 

(A Francia, la que siembra el divino trigo del 
ensueño, para que más tarde se nos dé a todos 
vuelto eucaristía! 

Combatan con ella las milicias invisibles; 

Luchen por ella los antiguos dioses; 

Palas baje a los campos sonoros de la batalla 
titánica; 

104 



o h 7' a s Completas 

Los espectros de Aquiles, de Ayax, de Eneas 
el piadoso, de sus cenizas resurjan, 

Y embracen de nuevo el escudo de perenne 
bronce, que retiemble en los aires atormentados, 
con la cadencia grave, con la heroica y solemne 
cadencia de un hexámetro del Ciego melesígenol 

¡Que las almas nobles se unan en la misma ora- 
ción por que ATENAS triunfe; pues que ella es 
sagrada herencia nuestra! 

¡Sean los anhelos unánimes, como la invisible 
espada flamígera del ángel que custodiaba el pa- 
raíso, pues que en esta vez el paraíso es de todos! 

América joven, lejana y lozana América mía, en 
donde se forjan nuevas razas, vastagos floridos de 
la Estirpe que supo fatigar al Renombre: 

Yo bien sé que tus veinte Repúblicas tumultuo- 
sas y audaces, a coro con ambos musicales océa- 
nos y unidas al vasto corazón de España, 

(De la España inmortal, que se renueva en la 
frondosidad de sus vastagos). 

Claman en estos instantes quizá definitivos, 
mientras sobre la blancura de la nieve se derrama 
trágicamente una sangre nunca regateada a las 
redenciones: 

¡Dios proteja a Francia! 



lei 



INGENUA 



C^ÓMO sigue la niña? 
—Sigue malita. 
—Y el médico, ¿qué dice? 
—Pues... la visita. 

¡Si usted la viera! 
Parecen sus mejillas 

flores de cera. 



—Y ¿sufre mucho?— ¡Mucho! 
— ¡Pobre criatura! 
Pasa ardiendo las noches, 
en calentura, 

y a cada rato 
pregunta que pregunta 

por el ingrato. 

106 



o b r 



m 



I 



t 



— ¡Yo estoy con un pendiente...! 
Luego que supe, 
una manda a la Virgen 
de Guadalupe 

mandé angustiada; 
dos novenarios, y una 

misa cantada. 



II 



— Güerita,''¿cómo sigues? 
—¡Estoy perdida! 

— ¿Qué te duele?— ¡Hasta el alma, 
tú de mi vida! 

... Dime, ¿lo viste? 
— Sí, ayer. — Y ¿qué te dijo? 
— Que está muy triste. 

(g) 

Que es falso lo de Rosa, 
que a ti te quiere 
no más, y si te mueres 
también se muere. 

— ¡Qué mentiroso! 
—¡Palabra! Y que muy pronto 
será tu esposo. 



m a d o N e 

Por más señas, me ha dado. 
— iQué!— Un papelito. 
¿Y qué dice? ¡A ver... léelo! 
—Dice... — ¡Quedito! 

«Luz, nada es cierto, 
iNo te mueras! ¡No seas 
mala!— Tu Alberto.» 



—¿De veras? —¡De veritas! 
— Vas a matarme 
si mientes. ¡Tú lees eso 
por consolarme! 

Te juro. Nena, 
que es verdad... 



III 



—¿Cómo sigues 
hoy?— ¡Ya estoy buena! 



108 




ÁGUILAS Y LEONES 



OOMOS de raza de águilas y raza de leones; 
maridaje sublime de una y otra realeza; 
la del ala que burla todas las extensiones 
y la del rey ungido por la naturaleza. 

Somos de raza de águilas y raza de leones; 
ya apunta nuestra aurora, nuestro destino empieza. 

Somos de raza de águilas y raza de leones; 
de leones indómitos de coronas fulgentes 
y de águilas reales que en los hoscos peñones 
estrangulan serpientes. 

¿Cómo no ha de alumbrarnos el sol que a las naciones 
transfigura, el divino sol de amor y bonanza? 
Somos de raza de águilas y raza de leones. 
¡Tengamos esperanza! 

Nuestras estirpes áureas eclipsan los blasones 

109 



Amado Ñervo 

de los más grandes pueblos. Tenemos la fe, el estro 
que inflama, la osadía madre de altas acciones. 
Somos de raza de águilas y raza de leones. 
El mundo (aunque no quieran los otros) será nuestro. 

En tanto, recordamos con emoción amante 
el día en que unas naves, cruzando las llanuras 
del nunca hollado Atlante, 
trajeron a estos mundos al fiero león rapante, 
para unirlo a las águilas, diosas de las alturas. 

De entonces, juntos ambos, mientras el león defiende 
la heredad que en sus garras formidables afianza, 
el águila, su aliada, las extensiones hiende, 
y su mirada inmóvil la emboscada sorprende, 
sortea los peligros y burla la asechanza. 

¡Oh, España, que nos diste tu altivo león rugiente: 
gracias! Seremos dignos de su pujanza heroica, 
y en premio del regalo y a cambio del presente, 
ofrendamos el vuelo del águila potente, 
y en el combate brava y en el dolor estoica. 

Los numerosos pueblos hermanos que en ti fijos 
tienen los grandes ojos, negros y soñadores, 
y que como nosotros se ufanan de ser hijos 
de cepa tan gloriosa, te ofrecen sus condores, 
te brindan sus estrellas, sus manos enlazadas, 
sus vivos gorros frigios, sus cerros humeantes, 
y todos erigimos nuestras cimas nevadas 
como torres gigantes, 

para que a ellas asciendan las águilas osadas, 
O rujan en sus crestas los leones rapantes. 



o b 



o m p 



I 



¡Oh, madre, madre augusta de las veinte naciones: 
rimemos los latidos de nuestros corazones; 
y unidos para siempre nuestros veintiún pendones, 
marchemos por caminos de paz y bienandanza! 

Somos de raza de águilas y raza de'jeones: 
tengamos¡esperanza . 




111 



HORAS GRISES 



Y A llega el otoño con lluvias y nieblas... 
Las hojas marchitas arrastran los vientos; 
mas van con nosotros las cosas ya viejas 
que llevamos dentro. 
En vano queremos cubrirnos de flores, 
callar nuestras penas, mostrarnos contentos: 
no pueden las glorias del mundo quitarnos 
las nieves de dentro. 
Las risas alegres parecen banales 
en bocas jocundas que invitan al beso, 
que todo lo cubre con velo de muerte 
la nieve de dentro. 
La dicha esperada murió con los sueños 
que ayer nos hicieron labrar un soneto: 

112 



o |6 



m 



I 



los libros tan sólo nos quitan a veces 

la nieve de dentro. 
Y ahora esperamos que pase el otroño, 
que llegue el invierno con todos sus hielos; 
el frío que, fuera, será más benigno 

que el frío de dentro. 



'SQ 



11» 



Tomo XXVU. 




HORA sentí ME NIAL 



i US dedos largos y finos, 
tus maravillosos dedos 
hilan, hilan, hilan, siempre 
albos vellones sedeños. 

Tejes y, tejiendo, labras, 
como una trama de ensueños, 
una bata tibia y blanda 
para tu niño pequeño. 
Tejes y, tejiendo, cantas 
una canción que me aduerme, 
y así, arrullado, me siento 
débil, pequeño e inerme. 

Que tejan tus bellos dedos 
la mortaja de mis sueños, 
114 



IIVXX 



o h 



m 



I e t 



y que me arrullen tus cantos 
con sus acentos sedeños. 

Bueno seré, bueno y puro, 
vencido por el sereno 
influjo de tu presencia 
en esta tarde de invierno. 




115 



MI MÉXICO {^ 



JNací de una raza triste, 
de un país sin unidad 
ni ideal ni patriotismo; 
mi optimismo 
es tan sólo voluntad; 

obstinación en querer, 
con todos mis anhelares, 
un México que ha de ser, 
a pesar de los pesares, 
y que yo ya no he de ver... 



Febrero, 23, de 191S. 



(1) Encontrado entre las notas del libro en prepara- 
ción: Filosofía palingenésica. 



116 




A MÉXICO 



(En el álbum de un compatriota.) 



Ay infeliz México mío! 
Mientras con raro desvarío 
vas de una en otra convulsión, 
del lado opuesto de tu río 
te está mirando, hostil y frío, 
el ojo claro del sajón. 

¡Cese tu lucha fratricida! 
¡Da tregua al ímpetu suicida! 
¿vSurges apenas a la vida 
y loco quieres ya morir? 

iTorna a la digna paz distante 
que ennobleció tu ayer radiante, 
y abre un camino de diamante 
en el obscuro porvenir! 
117 



•^smmm:^. 



HIMNO 



CORO 



Y ERQUE, Patria divina, la frente: 
ya el calvario pasó con su cruz; 
ya deslumhra tu estrella naciente, 
ya tres siglos de noche doliente 
se compensan con uno de luz. 



PRIMERA ESTROEA 



Eras Bella del Bosque Encantado, 
que por siglos enteros durmió, 
y que al fin, vencedora del Hado, 
al repique de un hronce sagrado 
para siempre jamás despertó. 

118 



Obras C o m p I e t 

SEGUNDA ESTROFA 

Dios bendiga la humilde campana 
que el prodigio logró con su son; 
que al vibrar sacudió tu alma ufana, 
y en tu trémula boca de grana, 
dulce Patria, empolló la canción! 

TERCERA ESTROFA 

Mas no pienses que estás redimida 
porque un yugo pudiste romper, 
que si un ave real en ti anida, 
volará solamente atrevida 
cuando sepas pensar y querer! 

CUARTA ESTROFA 

Rasga, estirpe de bronce, los velos 
que te impiden a lo alto mirar; 
brinda espacio a tus libres anhelos, 
tu alma inmensa tiene hambre de cielos: 
;A volar, a volar, a volar! 

QUINTA ESTROFA 

Que tu numen lozano que crea, 
heredero del genio español, 
119 



m a d o N é r 

luz y orgullo de América sea; 
que en tu cielo fulgure la idea 
como un santo rayito de solí 

CORO 

Yergue, PatriaMívina, la frente, etc. 




120 




UNA ES7A1UA 



IxuBiA melena que detrás se anuda 
con rosado listón formando trenza, 
faz ovalada y de expresiones muda 
donde lucen más negros que la duda 
dos grandes ojos de mirada intensa. 
Recta nariz, cuyos contornos raros, 
jamás pudo crear el arte heleno, 
pequeña boca de corales caros, 
jun rostro, en fin, que ni esculpido en Paros 
por la mano admirable de Cleomenoí 
Estatura gentil y majestuosa, 
cuerpo que viste con soberbio aliño, 
dos pies enanos de color de rosa, 
piel de lirio que muestra esplendorosa 
la Cándida blancura del armiño. 

121 



m 



N 



Tales formas te dio Naturaleza: 
es de hermosura olímpica esa cara, 
no tienes corazón, mas sí belleza, 
plástico tronco, escultural cabeza... 
i una estatua de mármol de Carraraí 



K\3\K'. 




1894. 



122 



AL AMOR QUE SE FUÉ 






t 



Y. 



A el laúd olvidó sus viejas notas. 
¿Cómo puede vibrar con nuevas galas, 
si sus débiles cuerdas están rotas 
porque tú no las cubres con tus alas? 

La musa de mis versos, la que viste 
mis conceptos de luz, cantar no quiere; 
le falta tu sonrisa y está triste, 
le falta tu calor... ¡y se me muere! 

¿Anhelas que con dulces embelesos 
vibre aún el cantar enardecido? 
¡pues vuélveme el calor de aquellos besos, 
ven, arrulla otra vez sobre mi nido! 



1894. 



125 




A UHALMAR (1) 



OOBRE tu frente gravita 
la infinita 
pesadumbre secular. 

Buscas tu ensueño ultrahumano 
en tierra lueñe, en mar lejano; 
¿lo encontrarás? 

Hermano extraño, errabundo, 
¿de qué estrella has caído al mundo? 
¿Sabes, siquiera, dónde estás? 



(1) Leída en el Ateneo de Madrid el 6 de febrero de 
1922. El editor no tenía noticia de ella. 

124 



o h 



m 



I e t a s 



Hacen cruz nuestros caminos, 
bebamos juntos los vinos 
del adiós. 

Yo te emplazo en una cita 
sobre la arena infinita 
sideral... 




12i 



. j í: 



III 

PENSANDO 



(verso) 

Bajo este título (que también 
usaba para' sus sentencias y pen- 
samientos en prosa— véanse los 
üols, X y XV de esta colección) 
el autor reunía algunas máxi- 
mas en verso y estrofas aisla- 
das. A ellas \hemos añadido al- 
gunos fragmentos que aparecen 
en los manuscritos. 




I 



JcIn dónde estará el alma de los locos 

mientras ellos persiguen 

la mosca de oro de su idea fija 

y lloran, gesticulan, ríen, cantan 

y se agitan sin fin en el extraño 

mundo de la incoherencia? 



Bendigamos la sombra y el recodo 
que esconden el camino en la existencia; 
sin ellos, sólo fuera nuestra herencia 
tedio infinito de saberlo todo. 



Unos cuantos conceptos rimados 
no podrán detener el olvido. 



129 



Tomo XXVII. 



Amado N e r v 

Mi quimera postrer está muriendo 
bajo el puñal de la razón helada; 
pero en cambio, en mi vida va naciendo 
la inmensa paz del que no espera nada. 

«-, . 

¿Qué cosa es mi vida sino recordar? 



Une mort paisible 
le plus t6t possible., 



¿Cómo será la humanidad futura? 
Yo me la finjo llena de nobleza, 
yo me la finjo llena de hermosura. 
Ni negocios, ni guerras, ni tristeza, 
ni turbas proletarias cuya dura 
misión es vegetar en la pobreza, 
mientras el rico, en insolente holgura, 
apacienta sus piaras de pereza. 

|0h! piadoso reloj que nos murmura 
con el grave sonar de su campana: 

150 



o b 7* a s C o m p I e t 

«Una hora, una hora menos de amargura. 
>Tu mal con mis instantes se desgrana. 
>/)//z, don... todo se va^ nada perdura... 
>Ten paciencia: ¡tal vez mueras mañana!» 



No escribas: ¡para qué! Lo que imaginas 
ya lo habrá dicho alguien. 
No hables. ¿A qué unir vanos conceptos 
al infinito enjambre 
de los que ya falsean la existencia? 
No fatigues el aire 
con tus discursos: ama como amas 
y sufre como sufres... ¡Pero cállate! 



Ir silencioso por la jornada, 
regando flores de caridad. 
Poner en toda cabeza amada 
una aureola de santidad. 



Marcha entre las tinieblas del camino 
sin más luz que tu fe, 
con los ojos cerrados, ya que, abiertos, 
nada has de ver. 

151 



m a d o N e r V 

Deja que con ridicula zozobra, 
enfermos de avidez y de ansiedades, 
los otros vayan tras sus vanidades; 
que a ti, teniendo a Dios, todo te sobra. 



Yo te amaré con todos los amores, 
como un padre, un esposo y un hermano, 
y en mi beso habrá todos los sabores 
y todos los apoyos en mi mano. 



A UN ANSIOSO 



¿Para qué enconas tu mal 
con impaciencias premiosas? 
Está tierno tu rosal 
y no puede darte rosas... 
Pero aguarda, que es fatal 
la madurez de las cosas. 

152 



® h r a g € o m p I e 

¡Triste vida en que el hoy nos arrebata 
el ideal que en el ayer soñamos! 
¡Triste vida de esplín, en la que vamos 
matando el tiempo, mientras él nos mata! 



¿Vale acaso la pena haber vivido, 
para encontrar, después de tantas cosas, 
que, sin duda, las horas más hermosas 
son las que hemos dormido? 



Huraño hasta excederme de la medida, 
con mi ideal incólume de atropellos 
y de promiscuidades, paso la vida 
ayudando a los hombres... ¡y huyendo de ellos! 



¿Qué es ya toda mi vida sino resignación? 

Los hombres de otra edad, cuando el planeta 
madure, y no haya amores ni deseo, 
ni mentes soñadoras, ni alma inquieta, 
disecarán al último poeta 
y lo pondrán, cual momia, en un museo. 



152 



Amado N e r 

Ante el mal de nacer, mal sin medida, 
que en míseros penados nos convierte, 
Ormuz, que en los espíritus anida 
y tiene compasión de nuestra suerte, 



como suprema concesión pedida, 
logró del Ahrimán obscuro y fuerte 
la brevedad piadosa de la vida... 
y el sueño sin ensueños de la muerte. 



Si hoy a la blanca diosa de Citeres 
honor y hacienda tu apetito inmola, 
vivirás otra vida sin placeres, 
idolatrando a todas las mujeres 
y sin lograr que te ame ni una sola. 



¡Qué noche tan helada y tan tranquila! 
¡Cómo luce la nieve en la montaña! 
La luna me contempla, cual pupila 
del misterio; en sus nácares me baña, 
y en mi estancia el gran péndulo que oscila 
es como un corazón que me acompaña. 



m 

154 



Obras C o m p I e t 

Pensamiento: no pienses 
tantas cosas que inquietan y torturan. 
Abre tu puerta al sol, a las estrellas 
y a todo lo armonioso. Quiere y busca 
lo esencial, lo inmutable; 
vive sin miedo ni esperanza alguna. 



Te amo con amor eterno, 
y si tú, por pecador, 
me condenas al infierno, 
en el infierno habrá amor. 



Un tonto estaba cantando: 
<Se quita el hambre comiendo, 
se quita la sed bebiendo, 
se quita el amor... amando. > 



Mi verso es una oración 

misteriosa y solitaria. 
Júntalo tú a la plegaria 
de tu noble corazón, 
18» 



m m d o N € 

y llévalo en tu alma fiel 
como en un celeste nido. 
... Ya oirás que dice a tu oído: 
«Recemos los dos por él...» 



Si no me quieres, déjame solo. 
Si no hay cariño, no hay compañía. 



Puesto que no estoy contigo, 
yo sólo quiero estar solo. 



Señor: yo devuelvo lo que tú me diste; 
difundo tu don. 
Poeta me hiciste, 

y voy dando a todos, para bien del triste 
y goce del pobre, mi ingenua canción. 



Puesto que tienes antojos 
de que, ya en mi atardecer, 
te escriba, enciende tus ojos 
para que yo pueda ver. 



Obras Completa 

Si de asomarme al misterio 
sintiere yo muchas ganas, 
te juro que me asomara, 
trémulo de ansias y antojos, 
por las grandes, por las negras, 
por las divinas ventanas 
de tus ojos. 



No se te olvide que el mal 
no es mal, sino menos bien. 



Sean nuestras dos almas, desde hoy, como dos puntos 
con cuya ortografía se anuncia algo divino... 
Dejemos una huella no más por el camino, 
y si ascendemos, suban nuestros dos vuelos juntos 



Eres rebelde al amor 
y al, beso nada propicia... 
Mejor, amiga, mejor: 
así tendrá tu primicia 
cierto salvaje sabor, 
y habrá no sé qué temblor 
de gacela en tu caricia. 



ÍS7 



m a d o N e 

Voy a escribirte un donaire: 
Eres más clara que el aire; 
más nevada que la nieve; 
eres vaga, 

inasible cual la bruma, 
cual la espuma; 
clara y tenue como el aire. 



—Y ¿cómo habré de comenzar mi viaje?- 
preguntó al instructor el más curioso 
de todos los discípulos. 

—Empieza 
por la inmovilidad. Primeramente 
procurarás estar inmóvil una, 
dos horas, tres... cerrados 
los ojos. La más cómoda postura 
ha de ser la mejor. 

Cuando apacigües... 



Si eres tú la que estoy esperando, 
la que veo de mi alma al trasluz, 
la que vive conmigo soñando, 



Obras Completa 

Dios, que quiso abreviar tu camino, 
en tu frente de albor matutino 
pondrá un trémulo signo de luz. 



Se acerca desde el confín 
indeciso y misterioso... 
Si es la que estoy esperando, 
la que en mí vivo soñando, 
tendrá un signo luminoso 
en su frente de jazmín... 



Un poeta indiscreto, que tú conoces, 
muy bien, propala 
que, cuando llevas el abanico^ 
señora mía, 
te sobra un ala. 



Es preciso poner 
un poco de misterio en la mujer. 
La mujer sin misterio es un manjar 

159 



Amado N e 

un poco soso. 

Fuerza es confesar 
que en la noble cocina del amor, 
sin enigma, no hay salsa ni sabor. 



Para entrar en el misterio, 
la sola puerta es morir. 



Si vivir sólo es soñar, 
hagamos el bien en sueños.. 



Trabajar para vivir, 
vivir para sufrir, 
sufrir para perfeccionarse, 
perfeccionarse para divinizarse: 
esta es la ley. 



Sé de dos maravillosas majestades 
que no son en los alcázares visibles: 
la divina majestad de las estrellas, 
la serena majestad de un hombre libre! 



• 
140 



o h 



m 



I 



t a 



No te sientas jamás desconsolado 
porque el bien que persigues anhelante 
y que hoy lograr creíste, no has logrado; 
con echar tu esperanza hacia adelante 
ya está todo arreglado... 



Te subí tan alto, que me ves pequeño 
desde las alturas a que te subí... 




141 



?'^t 



t 



IV 

PENSANDO 

(prosa) 



rLL flirt llega a su hora. No es más que la prime- 
ra manifestación del amor intelectual que unirá a 
los sexos de la élite humana dentro de poco tiem- 
po, quizá antes de un siglo. 

Entonces, los aristócratas, los mentales amarán 
así: la mirada, el beso, la caricia, la conversación 
deleitosa, el íntimo goce de la compañía femenina 
lo serán todo. 

Lo demás, la tarea natural de la perpetuación de 
la especie, se dejará a los hombres únicamente ro- 
bustos, mediocres y sanos. 

® 

Nada de lo que los hombres pueden darme o 
quitarme, me interesa. 

De antemano lo desdeño todo. Lo único que 
puede saciar mi espíritu, o está en el misterio de 
ese espíritu mismo, en lo recóndito de mi yo, o no 
está en ninguna parte. 

145 

Tomo XXVII. to 



Amado N e r v i 

Lo que nos hace sufrir nunca es «una tontería»., 
puesto que nos hace sufrir. 



® 



No encuentro nada más elegante, más noble y 
digno que el estoicismo antiguo, la serenidad anti- 
gua ante el dolor y la muerte. 

Poción, al recomendar a su hijo que amase y 
sirviese a la patria, sin acordarse de que ésta ma- 
taba injustamente a su padre, no creía en paraísos. 

Ni creía en ellos Lucrecia al hundirse el puñal en 
el seno, ni Scévola al abrasarse voluntariamente la 
mano, ni Plinio al morir asfixiado, pero observando 
con ojos de sabio la catástrofe vesubiana. 

En cambio, hoy cualquier monjita que vela a un 
enfermo cree por ello tener derecho a la gloria 
eterna con eternos deleites; y el rico ladrón que da 
cinco céntimos a un pobre, pretende conquistarse 
con ellos la dicha en este mundo y en el otro... 

¡Cursis! 

—¡Ay!— gimió la nena—, una rosa acaba de 
pincharme. 

— ¡Esa rosa ha cometido un fratricidio!— le res- 
pondí. 

I4é 



§ h r a 8 Completas 

La neurastenia y la histeria misma no son sino 
manifestaciones de una evolución intensa hacia es- 
tados mentales y sensitivos superiores, en cuya 
formación trabaja la naturaleza. No indican dege- 
neración . sino progeneración, y sólo se producen 
en tipos elegidos mientras pueden generalizarse. 

El desdén de los hombres «normales» por los 
neuróticos es hijo de la imbecilidad de aquéllos. 



Me causa tedio a veces hablar con ciertos jóve- 
nes intelectuales, porque no veo en ellos sino la 
repetición más o menos exacta, según su calidad 
mental, de lo que yo pensé, creí o amé en otra 
época. 

Es como releer un libro que nos cautivó hace 
muchos años y que hoy nos hace bostezar. 

«¿Qué es lo que fué? Lo mismo que será...», 
dice el Eclesiastés. 



Alma, has llegado ya a ese desdén absoluto de la 
opinión ajena, que da la paz y la libertad interior. 

En cambio, serías incapaz de cometer una acción 
baja aun cuando estuvieses absolutamente sola en 
un desierto... 

147 



Amado Ñervo 

No cabe duda de que, como dice Maeterlinck, 
hay una inteligencia universal que penetra todos 
los seres. Los cerebros no hacen más que limitarla, 
acotarla, encajonarla, si vale la palabra, dándole 
una forma especial, como el vaso da una forma al 
agua que contiene. 

Los cerebros vastos son como grandes ánforas, 
que recogen más pensamiento. Al deshacerse por 
la muerte, lo restituyen al océano original. 

La personalidad es, pues, una ilusión. Nuestras 
diferencias individuales, nuestros caracteres, nues- 
tras idiosincrasias, no vienen más que de la forma 
en que cada cerebro recibe y condiciona la co- 
rriente de inteligencia. 

Imaginemos un gran soplo que hiciese sonar di- 
versos instrumentos musicales: maderas y cobres 
de todos géneros. En cada instrumento se produ- 
ciría distinto sonido. 

Mientras gorjease la flauta, el violoncelo gemiría 
con notas graves... Pero el soplo sería idéntico y la 
modalidad dependería sólo de la caja sonora... 

Pues bien; las cajas sonoras diversas somos los 
hombres, y el soplo, el gran soplo, es la inteligen- 
cia que todo lo satura. 

Cuando el organismo receptor es de una inferio- 
ridad tal que no puede caracterizar ni modalizar la 
corriente fluídica de inteligencia que lo invade, la 
resultante, en vez de volverse pensamiento, se 
vuelve instinto... 

148 



Obras Completas 

La caridad en los ricos no es más que la forma 
del remordimiento. 



® 



No hagas nada para retener a la mujer que se 
va ni al pájaro que vuela: deja que se cumpla el 
destino. 

Parece estúpido hacer constar esto, pero con- 
viene decirlo. Los muertos ya no tienen nacionali- 
dad. Los muertos pertenecen al universo. Ningún 
país tiene sus muertos- Posee sólo el oropel de sus 
glorias. El oropel sí tiene nacionalidad. 



Esa minuciosa tendencia de libros con el Debe 
y el Haber de las faltas, que se atribuye a Dios, 
es una indignidad y un insulto a la Causa Supre- 
ma. Hemos vuelto a Dios, después de gendarme, 
rond de cuir.. 



La erudición nos convierte en los sabios de que 
habla Nietzsche, que piensan con reactivos, que 
necesitan leer antes de pensar. 

(S) 
149 



Amado Ñervo 

La paciencia debe ser la virtud más amada de 
los dioses, ya que han creado tantos hombres que 
parecen no tener en la vida otro objeto que ejer- 
citar la de los demás. 



© 



Si Dios no existiese, el hombre, a través de los 
siglos, lo habría ya creado a fuerza de pensar en él. 



La Naturaleza ensaya en los hombres un proce- 
dimiento misterioso que debe conducirla a fines 
muy altos. De allí la vida consciente, el más dolo- 
roso de los privilegios humanos. Sufrimos algo así 
como una vivisección despiadada y un día volve- 
mos a la inconsciencia sin haber barruntado si- 
quiera el objeto y la utilidad de nuesta tortura. 



® 



Hay, no sé dónde, quizá dentro de mí mismo, o 
en algún plano superior, un rincón admirable, al 
cual se entra por una puerta misteriosa... jPero no 
poseo la llave! 

Si yo pudiese entrar, se desvanecerían todas 
mis dudas, cesarían todas mis angustias, y lo que allí 
encontrara tan bello, serio y definitivo qu sacian- 

160 



o h r a s Completas 

do para siempre mis anhelos, calmaría la impa- 
ciencia y la inquietud de mis porqués! 

... Pero no puedo entrar por esa puerta, de la 
cual no poseo la llave... 



La mejor forma de que os crean capaces de ha- 
ber realizado una acción buena y desinteresada es 
decir «que en el fondo la ejecutasteis por egoísmo», 
La sola idea de que hubieseis hecho el bien por el 
bien, humilaría, molestaría y escandalizaría a los 
demás. 



No podemos concebir la vida consciente sin el 
sufrimiento. La conciencia es el dolor. Si Dios es 
la Suprema conciencia del universo, es también el 
dolor supremo: un dolor infinito y eterno del cual 
dimanan como de una fuente nuestros temporales 
y finitos dolores de la tierra. 



Los defectos más intolerables en los demás son 
los que tenemos nosotros mismos, ha dicho alguien. 

® 

151 



*maáoi N e r V 

Una de las más odiosas formas de la usura es la 
que se formula en el viejo «Dios da ciento por 
uno». Hay mucha gente piadosa que le lleva al 
cielo cuenta nimia de todas las virtudes practica- 
das, de todos los sacrificios hechos, i Cuánto más 
noble era la actitud de los antiguos, que no espe- 
raban nada y que, sin embargo, solían ser tan 
grandes y nobles como un Marco Aurelio! 



El mecanismo del tiempo es tal, que a la vez que 
sufres una pena, la vas pasando, de suerte que 
cuando te quejas de un dolor, el instante de tor- 
tura que te ha arrancado esta queja ya no existe. 
Los que se lamentan de la amargura de su vida 
se lamentan, pues, de una negación, de un fenó- 
meno irremisible y definitivamente efectuado ya; 
de algo que ninguna fuerza humana podría repro- 
ducir tal cual fué. 

Soy fuerte, puesto que he vivido; puesto que 
vivo serenamente, después de vencer a cuarenta y 
tres gigantes rabiosos, preñados de ira, de traicio- 
nes y de fuerza: mis cuarenta y tres años cumplidos. 



Los músicos, los que por oficio tienen la armo- 
nía, son, por lo general, merced a su carácter sus- 

152 



Obras Completas 

picaz, celoso, y buscarruides, los seres más inar- 
mónicos de la tierra. 

El estado actual de la ciencia tiene algo de sim- 
pático, y es que ha suprimido las afirmaciones pe- 
rentorias y ex-cátedra. Es ya ridículo un señor que 
os dice: «No hay Dios», «No hay alma», «No hay 
justicia más que en el cerebro del hombre», etcéte- 
ra, como era ridículo el católico que os describía 
la topografía del cielo y os repetía la letra con que 
se cantaban en las arpas y tiorbas de los ángeles 
las alabanzas de Dios... La esfinge, en el siglo xx, 
dice: «Quién sabe», y dice: «Puede ser.» 



® 



Estoy fatigado de esos señores que piensan de- 
terminadas cosas en determinada forma, porque es 
la moda; de ese macaquismo lamentable que inva- 
de hasta las más lúcidas inteligencias. ¿Por qué 
han de seguir siendo el hombre y el mono los úni- 
cos animales que imitan? 



Uno de esos parlanchines sempiternos que tanto 
padecemos en Madrid, después de hablarme de in- 
finidad de literaturerías nimias y vanas, dos horas, 

153 



A m a d N e r v 9 

durante las cuales lo escuché pacientemente sin 
desplegar los labios, me dijo con efusión al despe- 
dirse: «Es muy agradable conversar con usted.» 
«Ya seguiremos cambiando ideas!» 



El automóvil, una de las más bellas conquistas 
modernas, sólo ha servido hasta hoy para que los 
imbéciles vayan de prisa. 

Muchos siglos— o quizá milenarios— antes de 
que Colón descubriese la América, ya la habían 
descubierto los marcianos con sus telescopios... 
dado que haya marcianos. 

Cuento: Había un país en que los hombres esta- 
ban de tal manera hechos, que morían repetidas 
veces y resucitaban si se les daba cuerda como a 
los relojes. Sabiendo esto, procuraban granjearse 
el amor de los suyos, a fin de que los «remonta- 
sen» a tiempo; pero aun así, los hijos de los ricos 
solían no dar cuerda a sus padres muertos... 

¡Oh, Señor, tú sabes que mi corazón está vacío 
de deseos, como un vaso limpio en que ya no hay 
una gota de vino! 



Obras Completas 

El reptil misterioso, cataléptico por excelencia, 
es la perfecta imagen del éxtasis. 



¿Por qué ha de ser el hombre una conciencia 
atormentada en medio del oleaje formidable de la 
fuerza inconsciente? Puesto que las cosas exterio- 
res sólo nos torturan por el concepto que nos for- 
mamos de ellas, contentémonos con verlas efec- 
tuarse dentro de la duración, y una vez vistas... 
cerremos la ventana y encendamos la lámpara in- 
terna! 



Es frecuente que cuando hablan de mí los perió- 
dicos y las revistas, definiendo lo que ellos llaman 
«mi personalidad», algún amigo me diga: «Pero 
usted no es así. No han sabido pintarle.» En reali- 
dad ninguno de nosotros es «así» o de la otra ma- 
nera. Somos como nos ven los demás. Tenemos 
tantos aspectos cuantos son los criterios ajenos, 
la receptibilidad mental de los otros y la cantidad 
de influencia que nuestra alma ejerce en la suya. 



Todas las cosas llegan, le hacen a uno daño y 
se van. 



ld& 



Amado Ñervo 

. .«La potencia de mi raza, la más grande de las 
razas!»— dice Whitman— . Lo propio pensaron o 
dijeron los megalómanos de todos los grandes im- 
perios que, después de unos instantes de brillo, de 
dominación y de injusticia, volvieron a la nada de 
donde habían salido. 



Asignarle un fin a la creación es absurdo. Es 
tanto como pensar que un día el universo se redu- 
cirá a la inmovilidad absoluta, una vez obtenida la 
plenitud de su perfección... Tal supuesto es impo- 
sible. Supondría la paralización de la fuerza y de 
la materia, cuyas transformaciones incesantes ni 
tuvieron principio ni tendrán término. 



Ciertamente conquistar a una mujer difícil es 
bella victoria; pero más bella victoria es llegar a 
no desearla. 



La Teología nos dice que Dios está en todas 
partes en «esencia», «presencia» y «potencia». 
Ciertos sabios afirman que Dios es la Materia, el 
Espacio y la Fuerza. La Materia Eterna, el Espa- 
cio en que se contiene; la Fuerza que la mueve y 
transforma continuamente. La Esencia sería, pues, 

156 



Obras Completas 

la Materia; la Presencia, el espacio en que «está»; 
la Potencia, la Fuerza. Esta conciliación contenta- 
ría a muchas almas timoratas de las que van bus- 
cando armonías entre la Religión y la Ciencia, 



Hay que luchar desesperadamente contra esa 
sombra invasora de olvido que pretende ahogar en 
nuestra memoria el recuerdo de los muertos ama- 
dos. Son ellos porciones del yo transcendente y es 
preciso, para la integridad de nuestra conciencia, 
que sigan viviendo en nosotros. 



Mi amigo el académico me dijo en un momento 
de sinceridad: «Voy a celebrar dignamente el ter- 
cer centenario de Cervantes. Voy a leer por pri- 
mera vez el Quijote.» 



Quizá la vida no es más que una enfermedad, la 
enfermedad que sufre, por eterna fatalidad incom- 
prensible, el dios que encarna en nosotros... (Cri- 
tón, no olvides sacrificar un gallo a Esculapio...) 

• 
167 



Amado N e r v § 

El tedio es el estado de ánimo más caro. Una 
hora de esplín desata mejor los cordones de una 
bolsa que un mes de vida laboriosa. 



Whitman: enumeraciones; 

Glosolalia infantil; 

Megalomanía. 

Ojos de niño sorprendidos, 

(Circulación superficial de la sangre, hija de la 
parálisis latente, y que da el contentamiento de sí 
mismo.) 

¡Vete, viejo vanidoso, pavo de Manhattan! 

Prefiero el misterio enorme y sutil que se estre- 
mece en las páginas de Poe. 



Día llegará en que mi espíritu no se manche con 
ningún pensamiento; en que sea sólo como una 
gran pupila cristalina que contempla la creación. 

La serenidad es la nobleza de la tarde. 



Como no pensamos más que con palabras, como 
ni ^siquiera podemos concebir el pensamiento de 
otra suerte que como palabras interiores, en el su- 

158 



o h r a g Completa» 

puesto de que hubiese alma, ésta seguiría pensan- 
do en su idioma, solidarizada en absoluto con su 
idioma, aun fuera del tiempo y del espacio, y por 
lo tanto, habría almas españolas, francesas, ingle- 
sas... nacionalidades espirituales, ya que es el idio- 
ma la base o el vínculo cuando menos de la nacio- 
nalidad... 



—¿Qué es la vida?— preguntad a un niño. 

—La vida— responde— es lunes, martes, miér- 
coles, jueves, viernes, sábado y domingo; ¡sobre 
todO; domingo! 



Los honores, las categorías oficiales, las conde- 
coraciones, los tratamientos han sido hechos para 
dar relieve a las medianías. A los grandes ingenios 
les estorban y los vuelven antipáticos. Es absurdo, 
pues, que un hombre de valer se queje de no po- 
seer lo que es distintivo especial de la mediocridad 
infatuada. 



La poesía lírica es la verdadera voz del alma. 
Existe desde que el alma se descubrió a sí misma 
y pudo expresarse. Es el alma que se queja, que 

169 



Amado N e r tf o 

se lamenta de lo inestable de las cosas, de lo efí- 
mero del amor, de lo breve de la vida, del derrum- 
bamiento de todo lo que la rodea a ella, que es 
eterna. 



El hombre es un conductor de divinidad: Hay 
buenos conductores, los genios y los santos. Hay 
malos conductores, como el vidrio y el caucho 
para la electricidad: los ricos egoístas e ignoran- 
tes, los politicastros... 



Cuando acababan de prender a Jesús en el jar- 
dín de los Olivos y lo llevaban hacia el sumo 
sacerdote, sus discípulos, según el Evangelio de 
San Marcos (cap. XIV, 51-52), lo dejaron y huye- 
ron. Sólo un adolescente que no llevaba más que 
una sábana sobre el desnudo cuerpo, lo siguió. Los 
esbirros intentaron prenderle; pero él, dejándoles 
la sábana entre las manos, huyó. 

«Adolescens autem quídam sequebatur eum, 
amictus sindone super nudo: et tenuerunt eum. At 
ille, rejecta sindone, nudus profugit ab eís.» 

Confieso que siempre me ha intrigado ese man- 
cebo misterioso que, cuando los discípulos deser- 
taban cobardemente, seguía a Jesús... ¿Quién era? 
El Evangelio no nos dice una palabra más. Era 
uno que lo amaba... 

160 



Obras Completas 

Hay que peregrinar por las viejas ciudades cas- 
tellanas con recogimiento y con amor, a fin de oir 
en medio del silencio de los siglos la misteriosa 
canción de nuestra Raza, que ennoblece y recon- 
forta los espíritus. 



Mientras El calla, nosotros levantamos sin cesar 
arquitecturas filosóficas. Unos lo niegan, otros 
afirman su existencia; otros hacen distingos... El 
calla: su majestad mayor está en el silencio... ¿Por 
qué no callar también nosotros para sentirle y 
amarle? (Seúl le silence est grande: tout le reste 
es faiblesse, dijo Alfredo de Vigny.) 

Para vivir en paz y dignamente, hay que apu- 
ñalear, en el fondo del alma, a la esperanza. 



Voluntad inmensa, voluntad divina, voluntad 
formidable, que riges los universos: sé por un mo- 
mento la aliada de mi deseo... de mi infinito deseo 
de amar y ser amado una vez... iuna sola vez pos- 
trera! 



El hombre existe desde mediados de la época 
terciaria, es decir, desde hace unos seis o acaso 

161 
Tomo XXVII. M 



Á m a d e N e r v 6 

ocho millones de años, y desde entonces posee 
una inteligencia, elemental en el pithecanthropus, 
rudimentaria en el homo primigenius y admirable 
en el homo sapiens. Suponiendo que sólo desde 
que surgió este último el problema del alma se 
haya impuesto al cerebro humano— que era ya 
capaz de admirables concepciones artísticas, como 
lo comprueban los dibujos de Combarelles y Kess- 
lerloch y las pinturas de Aitamira en España — re- 
sultaría que hace ya cientos de siglos, acaso millo- 
nes DE AÑOS, que el ser humano interroga a la Es- 
finge sobre el problema de la vida y el problema 
de la muerte. 

Preguntar es... 

Callar es... 



Hacer bien a la mayor cantidad posible de gente. 
Tratar a la menor cantidad posible. 



Pasó una muchacha rubia, me miró, y cuando 
menos durante dos horas, por la noche ya en mi 
lecho, con aquella mirada tracé un sueño muy 
bello, muy puro, muy noble, que me llenó de una 
santa alegría interior. Toda una novela intensa, 
que nadie leerá nunca. Y ella no sabe, no puede 
adivinar el bien que me hizo. Pasó, me miró ape- 

163 



Obras Completa* 

ñas... No pensó más en mí. Y, sin embargo, me 
hizo feliz dos horas- . ¿Pero, en suma, sabe, el sol, 
saben la luna y las estrellas y el mar y la montaña 
el bien que nos hacen? ¡Detrás de ellos se escon- 
de la sonrisa de Dios! 



Cuando tengas un apetito, un deseo, cuya reali- 
zación te parezca imposible, ensaya no tenerlo. 
Véncelo... ¿Has podido? Entonces podrás irremisi- 
blemente lograrlo si, tras haberlo domeñado, crees 
que vale la pena satisfacerlo. 



Vive y medra un poco más, nulidad vanidosa. 
Ya vendrá la muerte y te borrará de la escena del 
mundo como un niño borra un cero de un pi- 
zarrón. 



Así, pues, la arcilla de que estoy formado sirvió 
ya para millones de millones de hombres. No hay 
una célula mía que no haya sido de otros, que no 
haya sufrido y amado en otros. Durante mi misma 
vida no hago más que trocar células con los ex- 
traños. En el aire que respiro, en el agua que bebo, 
en los alimentos que me sustentan, está la sustan- 

165 



Amado Ñervo 

cia de millares y millares de existencias ajenas. 
No hay, quizá, un genio o un santo del cual no ten- 
ga cuando menos una célula, y no hay tampoco un 
criminal, un necio, un monstruo, del cual no posea 
algo como forzosa herencia... Y así en cada ins- 
tante de mi vida está toda la humanidad, están 
todos los seres, está todo el universo... 



Virgilio llama a los astros «conscientes», cons- 
cia sidera (Eneida, IX 429). ¡Cuántas veces en al- 
gunas admirables noches he alabado, mirándolos, 
la exactitud del epíteto! Los orbes no son ya para 
nosotros, como para los antiguos, reguladores de 
destinos; pero en cambio son focos de vida men- 
tal. Cada uno de esos soles maravillosos arde so- 
bre enjambres de planetas en que ha florecido sin 
duda, florece o florecerá el milagro de la vida cons- 
ciente (el milagro y la tortura). Conscia sidera, sí. 
Merced a esta idea parécenos como que las estre- 
llas nos ven y cada uno de sus destellos se con- 
vierte en un destello de esperanza! 



La muerte es el mayor de los bienes, tal vez el 
único bien. Casi vale la pena vivir con existencia 
miserable por gozar al fin del sublime privilegio de 
morirse. 

m 

164 



Obras Completas 

Si como pretenden algunos filósofos novísimos 
(el pastor Wilfred Monod entre ellos) el mundo 
no puede explicarse sino volviendo a la concep- 
ción dualista de los antiguos (Orsmud y Ahrimán 
o el Dios platónico luchando con una necesidad 
eterna, hija de la esencia misma de las cosas), 
¿por qué el Dios bueno no sería la ley moral, 
el imperativo de la conciencia, el instinto de per- 
fección que anida en cada uno de nosotros, y el 
dios malo, el dios negro, la Naturaleza? Así se 
explicaría el desenfrenado antagonismo de los im- 
pulsos naturales y del ideal interior. Para enga- 
ñarnos la naturaleza tiene la Ilusión, se viste de 
todos los ropajes, y cuando la hemos obedecido, 
nos trae la saciedad y la tristeza... El Dios blanco, 
en cambio, lucha dentro de nosotros, en lo más 
recóndito de nuestro yo, y vence en los ejem- 
plares superiores de humanidad, en los seres ex- 
cepcionales que mataron el egoísmo, el amor indi- 
vidual, el deseo y, como dijo el poeta, apenas 
toman de la tierra el ímpetu necesario para aban- 
donarla, para alzar el vuelo a las regiones del es- 
espíritu. 



La mayor parte de los fracasos nos vienen por 
querer adelantar la hora de los éxitos... 

165 



Amado Ñervo 

¡Mi dinero es de todos; pero mi tiempo, no. 

De los grandes infortunados de la historia, ¿qué 
queda? El recuerdo de su dolor. El hombre ya 
pasó. Hace siglos quizá que no se queja. La muer- 
te lo ha sosegado para siempre, como una buena 
nodriza que hace dormir a un niño enfermo... 
Pronto sera de ti lo mismo. Un poco de paciencia... 
ly te dormirás! 



La «serenidad» de la noche: una mentira como 
tantas otras. ¡Si pudiésemos ver esas formidables 
conflagraciones de los astros! ¡Esas inmensas lla- 
maradas de hidrógeno, esos desmesurados tem- 
blores convulsivos de los metales gaseosos, de las 
cromosferas y fotosferas! ¡Esos cataclismos de los 
mundos nacientes como Júpiter!... Pero estamos 
tan lejos, y a través del aire callado de las tibias 
noches de abril, tales cataclismos nos parecen el 
modelo por excelencia, el símbolo de luz, de la se- 
renidad... 

¡Imbéciles! 



166 



Obras Completas 

La certidumbre, aunque sea breve y pasajera, 
de una presencia invisible y amiga, es superior a 
todas las más preciosas realidades de la tierra. 



Mejor es ponerse en ridículo por haber sido de- 
masiado optimista, que acertar en los horóscopos 
sombríos. El optimismo es una fuerza incalculable. 
¿Quién puede decir hasta qué punto influye en los 
sucesos? 



Imaginaos que muchos vasos, frascos, botellas, 
llenos del agua de una fuente, se creyesen diver- 
sos por dar cada uno a esta agua una forma dis- 
tinta... El agua del vaso esférico se creería supe- 
rior a la del cilindrico, ésta a la del poliédrico... 
Cada una pensaría que ella era la mejor. Y, sin 
embargo, todas serían porciones de la misma 
fuente. 

Así es la individualidad humana. Cada hombre 
es un vaso de divinidad... Pero el agua es la 
misma... 



Cuando tu enemigo fuese el ser más ruin, mez- 
quino y miserable de la tierra, ¿serías tú mejor por 
eso? Deja, por tanto, a tu enemigo que sea como 

167 



Amado Ñervo 

fuere y tú procura mejorarte, pues no has venido 
a perfeccionar a tu enemigo, sino a ti mismo 



Era una de esas noches diáfanas y quietas en 
que la inmensidad del cielo nos invita a asomar- 
nos al enigma interioi"; en que desearíamos pen- 
sar cosas hondas y nos parece que el muro de 
misterios se adelgaza para dejar filtrarse lo ine- 
fable. 

Había no sé qué persuasión discreta en las 
cosas... 

Las estrellas titilaban como una afirmación lu- 
minosa de algo remoto... 

Los dos amigos, de vuelta del paseo, habíamos 
callado instintivamente. 

Pero a él le pesó el silencio, tuvo miedo quizás, 
y al cabo de pocos minutos hizo una observación 
trivial. 

Sentí una angustia grande, como si en el alma 
inmóvil que nos rodeaba se hubiese producido un 
desgarramiento; como si se hubiese consumado la 
mayor de las profanaciones; como si se hubiese 
violado una virginidad augusta, la celeste integri- 
dad de alguna diosa... y me separé de él brusca- 
mente y huí desde entonces toda ocasión de en- 
contrarle. 



168 



Obras Completas 

He aquí el símbolo que podría estar escondido 
en el Génesis: El hombre vivía en la inconsciencia, 
y, por lo tanto, en el Paraíso. Pero ciertas inteli- 
gencias invisibles lo incitaban a pensar... Una de 
ellas, más insinuante que las otras, propuso a la 
Especie la conciencia plena, es decir, la cien- 
cia del bien y del mal. La especie (Eva) aceptó el 
horrible don, lo transmitió al Hombre. Con la cons- 
ciencia, la Humanidad se vio desnuda y miserable; 
quiso saber el porqué de todas las cosas; empezó 
a torturar su espíritu con el análisis; dio alas a la 
imaginación; púsose en pugna con el instinto eter- 
no... La redención de mal tan grande está en la 
vuelta al no pensar... El paraíso final de todas las 
religiones no es más que la inconsciencia, así se 
llame éxtasis, contemplación, nirvana... En todo 
deliquio hay apenas el fulgor de conciencia sufi- 
ciente para darnos cuenta de que somos nosotros 
los que gozamos tamaño bien. Todo el resto del yo 
queda abolido. 

jAy de los que piensan! ¡Ay de los genios! Su 
angustia es la mayor de las angustias. 

La inteligencia aleja de Dios. La inteligencia 
hace filósofos y sabios; es decir, seres dubitativos 
y contradictorios: sólo el amor hace santos... 

Dios no es una inteligencia infinita (no puede 
haber inteligencias infinitas). Es una infinita vo- 
luntad. Por eso no responde a nuestras interroga- 
ciones mentales. Su manifestación está en la ar- 

169 



m 



N 



monía de los hechos, en el ritmo de las fuerzas y 
en el impulso de los corazones... 

¡Bienaventurados los simples, bienaventurados 
los pobres de espíritu!— dijo Jesús. 

Bienaventuradas las flores, bienaventuradas las 
bestias, bienaventurada la infancia (si no os vol- 
viéreis como uno de estos pequen itos, no entraréis 
en el Reino de Dios— dijo también Jesús). 

Bienaventurada la tierra consciente y germina- 
dora. Bienaventuradas las estrellas que arden y 
alumbran sin saberlo. 



No dejes que se bifurque tu voluntad: Un solo 
camino. Al final de ese camino, un solo amor. 



Morir es pasar del es al era. «Es un pobre dia- 
blo.» «Era un buen chico...» Entre esos dos tiem- 
pos del verbo ser está toda una existencia. 



¡Oh! loca esperanza, enredada siempre en mi 
corazón, y que me murmura: «¡Qué sabes tú de 
las vías del destino, de lo imprevisto de la vida!... 
Aguarda. ¡Aguarda!» 

170 



I- 



Obras Completas 

Si no te quieren como tú quieres que te quieran, 
¿de qué te sirve que te quieran? 



Vamos a morir estas horas de deliciosa muerte 
que se llaman Sueño, y cuyo solo inconveniente 
es que se despierta uno de ellas. 



El que muere entra simplemente dentro de nos- 
otros. Mientras vivía era algo exterior que obraba 
sobre nuestros sentidos. La muerte le ha dado— le 
ha devuelto, mejor dicho— la identidad espiritual 
con nuestro Vo. Nada, pues, nos acerca tanto a 
los seres como el morir. 



Epitafio para el sepulcro de mamá: «Madre 
nuestra, que estás en los cielos!» 



Tener imaginación es sufrir mil veces (cada día, 
cada hora, cada minuto) males que no han de ve- 
nir o no han de ser como los tememos. Es ver mo- 
rir mil veces a un enfermo amado... que tal vez se 

171 



Amado N € r v 9 

salvará; es agonizar mil veces de celos contem- 
plando en los brazos de otro a una mujer adora- 
da... que acaso nos amará algún día; es perder in- 
numerables ocasiones una fortuna comprometida, 
pero que tal vez nos volverá con creces... 

Los hombres de im aginación exaltada son con- 
denados del más terrible de los infiernos, porque 
es un infierno de donde a cada paso los saca la es- 
peranza para dejarlos caer de nuevo. 

Una imaginación vivaz debe ser instrumento de 
expiaciones misteriosas. 

Sólo la voluntad puede cerrar herméticamente 
la torre de los fantasmas, cuando se ha logrado 
darle, a fuerza de ejercicio, esta maravillosa efi- 
cacia. 



Con la teoría de la reencarnación ya no pode- 
mos decir: «¡Qué culpa tengo yo de haber nacido 
esta época fatal...!» 

—Esta época tú ayudaste a prepararla en una 
existencia anterior, le responderá la teosofía. 

Procura que el mundo de mañana sea mejor: 
más culto, más justo, porque tú has de volver por 
fuerza a él, y cosecharás lo que hayas ahora sem- 
brado. 

Dentro de algunos siglos quizá reposes a la som- 
bra de la encina centenaria que hoy plantaste... 

172 



I 



o h r a s Completas 

¿Qué objeto puede tener la evolución indefinada 
del Universo si en cualquier momento de su des- 
arrollo, por avanzado que le supongamos, habrá 
entre ella y la perfección infinita una infinita dis- 
tancia? 



¡Cómo no bendecir a Dios, que hizo el dolor, 
pero hizo también el tiempo! 



Todos los hombres somos una misma substan- 
cia, sí; pero cada uno tiene su angustia, diferente 
de la angustia de los demás. El dolor es el que nos 
personaliza. 



® 



—Mamá— decía el niño — . ¿Ves esa hermosa 
nube? Ahora es un elefante con trompa de oro: 
hace un momento era una jirafa enorme... Mira: 
se está volviendo un barco en un mar color de 
rosa... Mamá, ¡qué hermosa es una nube! ¡Cuán- 
tas cosas se pueden hacer con ella! Quién pudiera 
tener una nube... 

—Hijo mío, tú tienes dentro una, maravillosa: 
tu imaginación infantil. Esa es la verdadera nube. 

173 



m 



a d o N 



Allí está el elefante de trompa de oro, la jirafa 
enorme y el barco que navega en un mar color de 
rosa. 

(El padre, que lee las cotizaciones del día en el 
Boletín de la Bolsa:) 

—¡Qué tonterías estáis diciendo allí! (Dirigién- 
dose a la madre:)— ¡Ten cuidado con este chico! 
No se nos vuelva poeta el día menos pensado. 
Hay que desteñirle un poco la imaginación. 

(La madre sonriendo:)— Ya le pasará. Tú me re- 
galaste muchas nubes, muchos crepúsculos, mu- 
chos arco-iris en tus cartas de novio... y algo me 
ha quedado de todo eso: unos versos amarillentos 
que aún guardo. Mientras que de las acciones del 
Banco Francés del Río de la Plata con que me 
obsequiaste en junio... en octubre ya no me queda 
nada..., ni para comprarme un sombrero! Porque 
el Banco ha suspendido sus pagos. 



La muerte no es la pérdida de la conciencia in- 
dividual, sino la complicación de esta conciencia 
hasta el vértigo. Tu conciencia se vuelve la con- 
ciencia de todos. Lo único que en ti se extingue 
es la limitación ilusoria de la personalidad humana. 



174 



o h r a s Completas 

Ensayad la supresión en Madrid de esos absur- 
dos días santos en que nadie sabe qué hacer: veréis 
la tremolina que se arma. Quizás habría una revo- 
lución. Y es que todo el mundo quiere tener un 
derecho, el más sagrado de los derechos: el dere- 
cho de fastidiarse donde le dé la gana, el triste de- 
recho a apacentar su tedio... 



Te has calentado al calor de la estrella... y no 
has visto la estrella. Te has reposado a la sombra 
del olmo y no has visto el olmo. Has bebido del 
agua maravillosa de la fuente y no has visto la 
fuente. Has aspirado el perfume de la rosa y no 
has visto la rosa. Viviste años de años con un alma 
elegida y no la comprendiste. 

En tu inocencia, pensabas acaso: — ¡Todas las 
almas deben ser así! 

¡Ay, de ti, si despiertas un día en los brazos de 
un necio— de aquellos cuyo número es infinito, 
según el Eclesiástico— y entonces preguntas: 

—¿Pues y la estrella? ¿Pues y el árbol? ¿Pues 
y la fuente? ¿Pues y la rosa? ¿Pues y el alma? 

El necio te responderá con su ronquido pendu- 
lar, rispido y estruendoso. 



176 



Amado Ñervo 

El mal es negativo; es sólo cuestión de grado y 
de carencia; es lo que falta a lo mínimo para ser 
mediano, a lo mediano para ser bueno, a lo bueno 
para ser mejor, a lo mejor para ser óptimo. 



Las mujeres que ansian pensar como los hom- 
bres, no saben lo que quieren. En cuanto piensen 
mucho volveránse ideólogas y enfermarán de la 
voluntad. Serán abúlicas como todos los cerebrales 
y no podrán ya dominar a los hombres como los 
dominan ahora y los han dominado siempre. 

En su estado actual, como no tienen más que 
cuatro o cinco ideas, perseveran en ellas con una 
voluntad muy superior a la nuestra, y acaban por 
imponérnoslas. Lo que quieren, lo quieren inten- 
samente. 

... Mientras que el pobre espíritu del hombre 
intelectual manipula entre los conceptos, se des- 
parrama entre las ideas, y no realiza gran cosa en 
este mundo... 



Hay seres maravillosamente organizados para 
hacer sufrir a los demás; que no parecen haber 
venido al mundo con otro objeto. Son los martillos 
del Karma. 



9 
476 



Obras Completai 
Taurófilo, militarista, cazador: ser inferior. 

Ayuda a los dioses a que te ayuden. 



Lo maravilloso del amor es que viene, como la 
muerte, cuando menos lo esperamos. 

La propia mujer a quien requerís no puede adi- 
vinar cuándo os dirá sinceramente sí. 

Tres años, tres eternidades, vivís rogándola: es 
decir, no vivís, y cuando vais a levantar ya la tien- 
da para continuar la peregrinación por el desierto; 
cuando, como Colón, os alejáis del Real porque no 
quisieron escucharos; cuando os marcháis con 
vuestro mundo a cuestas, ella os llama, os sonríe, 
os besa, cae en vuestros brazos. 



Las tres mayores cosas que los hombres ambi- 
cionan: el poder, las riquezas, el amor, no se con- 
quistan con talento, sino con audacia y perseve- 
rancia. Ni a Dios mismo podemos llegar con el ce- 
rebro: llegamos a él con el corazón. 

¿De qué sirve, pues, el talento? De castigo. Es 
una invisible corona de espinas. 



177 
Tomo XXVII. it 



Amado N e r v e 

Quién sabe, si en suma, ¡oh, ascetas!, es un 
error buscar encarnizadamente a Dios en la vida: 
A la vida venimos a cosechar una especial expe- 
riencia que el alma necesita, no a fundirnos con 
Dios, en cuyo seno ya estábamos antes y al cual 
hemos de volver después. El está al principio y al 
final del camino. En el camino mismo sólo está el 
Dolor, que es la sombra de Dios. 



La vida es un sendero seco y agrio, que va de 
un jardín a otro más o menos lejano: del jardín que 
se halla antes de la cuna, al jardín que se encuen- 
tra después de la muerte. En ninguno de esos dos 
jardines deleitables, que allá en el fondo se funden 
en uno solo, florece la flor maldita del pensa- 
miento... 

La infancia es tan fragante y maravillosa porque 
está perfumada aún y embellecida por la proximi- 
dad de ese jardín de donde salió. La vejez es tan 
serena porque empieza a percibir la suavidad y el 
divino reposo de ese jardín a donde se acerca. 



La vida es quizá la concesión de un Dios a otro: 
del dios blanco al dios negro. Una transacción, un 

178 



Obras Completas 

pacto. Un tributo de dolor y de miseria, merced al 
cual el dios negro permite al dios blanco la ulterior 
e inmutable paz de las almas. 



Dos clases de hombres necesitan que Dios exis- 
ta: los inferiores, porque han menester de una dei- 
dad policíaca que enfrene con el miedo sus desma- 
nes; y los hombres muy elevados, muy grandes, 
porque sólo en Dios pueden hallar la justificación 
de su propia excelencia, de su, de otra suerte, in- 
comprensible sublimidad. 



Esa sensación que experimentáis en una pieza 
solitaria de una energía oculta, de un trabajo ince- 
sante y misterioso, que se manifiesta por el polvi- 
llo tenue que se deposita sobre los objetos, espe- 
cialmente sobre las superficies brillantes, y, en la 
noche, por los crujidos de los muebles, por algo 
como un rumor sordo, que más bien adivináis que 
percibís, ¿sabéis lo que es? Es el deshacerse per- 
petuo de la materia en el éter. 

Todo, todo va deshaciéndose. La fuerza, la ener- 
gía, como una invisible mano todopoderosa, coge 
al éter y lo estruja y lo aprieta, y de este estruja- 
miento y de este apretujón, mantenidos por las le- 

179 



Amado N e r v ú 

yes que parecen inmutables, surge el universo sen- 
sible... Pues la materia, que está hecha de elementos 
inmateriales, tiende con toda su esencia a volverse 
invisible y rebelde a toda forma, va deshaciéndo- 
se... deshaciéndose lentamente. Esto lo veis en el 
perfume que vosotros mismos habéis condensado 
y que se volatiza sin remedio. 

Sí; la materia se deshace... quizá con dolor. Esta 
disgregación de sus entrañas mismas es casi dolo- 
rosa, y por eso en la noche, en vuestra estancia 
solitaria, percibís como un ruido sordo y hay algo 
trágico en el crujir de los muebles y pasa por el 
ambiente un hálito de angustia... 



Para ser héroe se necesita, en primer lugar, te- 
ner buen estómago. Para ser santo, probablemente 
también. 



Si el alma existe tiene que pensar, y si piensa, 
forzosamente ha de hacerlo con palabras, en un 
idioma o en varios, naturalmente en su idioma. El 
idioma, que es en suma la nacionalidad, nos acom- 
pañaría hasta más allá de la muerte. Más allá de la 
muerte pensaríamos: «iTe amo!» al sentir que 
amábamos. 

180 



Obras Completas 

... Y si no piensa, no existe. «Non cogito... ergo 
non sum.» Una voluntad sin pensamiento ¿es por 
ventura concebible? 

Abismo..., abismo..., siempre abismo. 



No sé cómo hay mujeres— me refiero a la mujer 
común y corriente— que puedan estimar a los hom- 
bres; lo que de ellos ven es el deseo en todas sus 
formas; la bestia siempre despierta. Una mujer jo- 
ven, hermosa y libre tiene el triste privilegio de 
encontrar por todas partes lo más bestial del sátiro 
que la acecha. 

En cambio la inquietud espiritual, la audacia en 
las empresas, el valor civil y militar, el heroísmo: 
el ángel, en fin, que está escondido en el alma 
masculina y que surge a veces con llamaradas de 
luz... eso no lo pueden comprender y muchas se 
mueren sin haberlo visto... 

«Porque lo que hay en mí que vale algo, 
ni lo pudiste sospechar... 



.» 



dijo el poeta. 



Dios no sería capaz de condenar a un alma qu« 
no se hubiese antes condenado a sí misma. 

o 

181 



Amado Ñervo 

La más sencilla reacción química: la disolución 
de un pedazo de azúcar en un vaso de agua, la co- 
loración de un vaso de agua por un poco de anili- 
na, es un cataclismo formidable para ese universo 
que hay en el vaso, en el azúcar, en el alcaloide. 
Pero como todo acontece en un vaso de agua... Si 
aconteciese proporclonalmente en un occéano... 



No se puede amar a Dios sin amarse uno a sí 
mismo, ya que Dios está dentro de nosotros y es 
lo más esencial de nuestro yo. 

Debemos, pues, amarnos a nosotros mismos con 
toda nuestra alma..., pero amar de la propia suerte 
a los demás, ya que el yo de cada uno de ellos es 
el propio yo nuestro, bajo las engañosas aparien- 
cias de personalidades distintas. 



El principio de la sabiduría no es el temor de 
Dios, bueno para siervos espirituales, sino el temor 
de nuestro yo inferior y el amor a Dios. 



Habrá— ipor qué no!— inteligencias invisibles 
que puedan ver en rápida sucesión todas y cada 
una de las vidas humanas y que se diviertan, mi- 

182 



Obras Completa* 

rándolas y repasando algunas, las más interesan- 
tes, como nos divertimos nosotros viendo desenro- 
llarse una cinta del cine. Vidas trágicas, vidas có- 
micas, vidas tragicómicas... que serán las más. 



Toda existencia, aun la mejor librada, es tan do- 
lorosa, tan llena de contradicciones, tan ilógica, 
tan enferma, que sin esfuerzo se advierte y se com- 
prende que vivir es algo anormal, un accidente 
inharmónico, inconexo, en el persistir sereno de 
nuestro Yo sin tiempo, en la subsistencia inmortal 
de nuestra esencia superior: una dolencia tempo- 
ral, inexplicable, en la harmonía sin fin del alma. 



El dolor es el combustible de la máquina del 
Universo. Cada fiombre, sufriendo con resigna- 
ción, contribuye de modo eminente a la realización 
del divino designio. 



¡Pensar que los dos seres más hondamente ínti- 
mos de mi ser: mi madre y la mujer que me amó, 
saben ya, desde años, el misterio de la muerte, y 
no pueden descubrírmelo. . . ! 

185 



Amado Ñervo 

«¿Se imagina usted— me dijo el pobre abúlico— 
una pluma en el aire? Todos la hemos visto, movida 
por los vientos, en una perpetua palpitación, en 
un continuo sube y baja; describiendo vertiginosas 
e insensatas espirales en el invisible embudo de 
los remolinos. Pues bien; yo soy eso, una pluma 
sacudida por las más contradictorias veleidades, 
por los más incoherentes impulsos. Soy una pluma- 
pero (¿concibe usted todo el horror?) una pluma 
consciente que a cada paso se cierne sobre los 
abismos, choca contra los muros, se enreda entre 
las zarzas, se enfanga en los barrizales, mirando; 
sabiendo, previendo lo que va a sucederle... y en 
la absoluta imposibilidad de evitarlo.» 



¿Qué es, en suma, mi deseo sino la voluntad de 
Dios que se manifiesta en mí? 

¿Cómo podemos saber lo que Dios quiere de 
nosotros si no examinamos lo que nosotros quere- 
mos más apasionadamente? 

... ¿Pero y el obstáculo entonces, cómo se expli- 
ca? ¿Puede, por ventura, oponerse algo a nuestro 
deseo si éste es la voluntad de Dios? Se le opone 
simplemente para que el deseo se manifieste en 
grado mayor, en grado heroico si es posible y ad- 
quiera así la eficacia necesaria para realizarse. 



tu 



Obras Completas 

Estamos en el infierno; pero hay ratos en que se 
nos permite salir a dar un paseo: no los amargue- 
mos con el recuerdo de las penas sufridas ni con 
el temor de las que vamos a sufrir... 



El sueño es un estado de divinidad. El hombre 
que duerme es un dios. 

m 
El ideal es flor de montaña... 



Resurrección de los muertos: ¿por qué no, pues- 
to que la materia no es más que un modo de vi- 
bración del éter? 

Virginidad maternal de María: ¿por qué no, 
puesto que existe la partenogénesis, tan milagro- 
sa como la influencia de un espíritu? 

Infalibilidad del Papa: ¿por qué no, si admitimos 
la intromisión del subconsciente en la vida y el 
subconsciente está fuera del espacio y del tiempo? 



Cuando mi perro me mira con cariño, leo ya en 
sus ojos la tristeza de la futura humanidad... 



185 



Amado N « r p o 

Hay seres de un egoísmo tan glacial, tan imper- 
meable a la compasión, tan despiadado, que se es- 
panta uno de pensar que Dios— o un dios— pudie- 
se ser así y que al morir hubiese uno de encontrar- 
se con ese Dios... pero nos consuelan de este pen- 
samiento los grandes abnegados y las madres. 



La pobreza es el más admirable punto de vista. 



Si nunca has tenido un gran éxito, no sabes lo 
que vales: el éxito es la piedra de toque de los ca- 
racteres. 



Con los defectos que nuestros amigos íntimos 
nos atribuyen, el más pequeño de nosotros resul- 
taría de una monstruosa grandeza. 



La felicidad es como las neblinas ligeras: cuan- 
do estamos dentro de ella, no la vemos. 



Todo hombre es el centro del universo. El uni- 
verso como el espacio, según la célebre definición, 

186 



t 



Obras Completas 

tiene su centro en cada alma, y su circunferencia 
no está en ninguna. 



—Hay algo peor que el cierzo helado y cruel 
del Guadarrama— me dijo ella—y es el tedio de 
quedarse todo el día en casa. 



Los crepúsculos por inútiles y bellos, son el más 
aristocrático regalo de la naturaleza. 



Dicen 

que Dios protege a los malos 
cuando son más que los buenos. 

Esto es falso; pero hay, en cambio, una verdad 
incontrovertible, y es que el hombre se apresura a 
creer buenos a los que están ganando. 

La verdadera coqueta engaña a su espejo. 

m 
¿Quieres un nuevo dolor? Líbrate del que tienes. 



187 



Á m a d é N € r V • 

Como la cobardía embiste nerviosamente y con 
los ojos cerrados, a lo mejor resulta heroísmo. 



La fortuna es como la policía: siempre llega 
tarde. 



Si eres orgulloso, conviene que ames la sole- 
dad: los orgullosos siempre se quedan solos. 



Comprendo que la travesía es dura y el momen- 
to difícil... Pero Dios va en mi barco. 



Lo que muere en nuestros muertos es aquello 
que de ellos nos separaba, subsistiendo aquello 
que nos unía en una misma esencia. 



Hallo tan justos mis males, que si no los sufrie- 
ra desearía sufrirlos... Hay una misteriosa balanza 
en la sombra que ha pesado muy estrictamente el 
peso de mi dolor. Llevo a cuestas el que merez- 
co... ¡y nada más! 



188 



Obras Completas 

Cuento: Había un monje simple y bueno que, 
llevado de su caridad, oraba todos los días fervoro- 
samente por que se arrepintiese el diablo y fuese 
acogido en el seno de la Divina Misericordia. 

Súpolo el prior y le amonestó severamente. Pero 
en la noche, el fraile compungido vio lucir una son- 
risa en la faz de su crucifijo. 

m 

El qtie sabe callar es siempre el más fuerte. 



El amor verdadero sale limpio de todos los ba- 
rrizales: nadie puede ensuciar un rayo de sol. 



¿Cuál es el mayor enemigo de la dignidad? El 
miedo. 



La libertad suele ir vestida de harapos; pero aun 
así, es muy bella, más bella que todas las libreas 
de oro y plata. 



Sólo los millonarios tienen valor de regatear cin- 
cuenta céntimos en una tienda. 



189 



Amado Ñervo 

Los ujieres de las grandes antesalas son muy 
desdeñosos, porque conocen mejor que nadie a los 
hombres. 



Es más fácil encontrar a una mujer hermosa re- 
signada a envejecer que un político resignado a 
retirarse de la escena. 



El tirano más abominable es menos abominable 
que un gobierno de cotarros, en que tienen libre 
acción los políticos. 

Para el hombre resignado en absoluto a la vo- 
luntad de Dios, que no desea ya ni busca nada, hay 
en todos los sucesos, aun los más pequeños, no 
provocados por él, una como revelación divina. 
Los recibe con júbilo misterioso, porque cada uno, 
por insignificante que sea, trae la firma del Destino. 

El primer signo seguro de vejez es empezar a 
encontrar el ayer mejor que el hoy: 

como, a nuestro parecer, 
cualquiera tiempo pasado 
fué mejor... 

190 



!* 



Obras Completas 

¿Qué esperar de una humanidad en que las cla- 
ses más altas y más ricas se disputan las libreas? 



El que no espera nada de los hombres es supe- 
rior a todos los hombres. 



¿Qué cosa más inútil que los amigos ricos? Para 
lo único que podrían servir es para dar dinero a los 
amigos pobres que lo necesitasen. (Pero la primer 
petición de dinero es ya incompatible con su 
amistad! 



El rico os pide un servicio y aún pretende que 
le estéis agradecido. 



Me dan lástima esos jóvenes que a los veinticin- 
co años se pirran ya por ser eruditos. Es la menor 
pausa llegada antes de la pubertad.. 



La juventud no está hecha para pensar, sino 
para amar, para emprender, para luchar. El pensa- 

191 



Amado N e r v ú 

miento es función de la madurez, como la manzana 
es fruto de octubre. 



Observo al canario que pasa su vida saltando, 
comiendo y cantando. Canta con una convicción, 
con una «voluntad de harmonía» extraordinarias, 
como si estuviese convencido de que sus gor- 
jeos son el fin por excelencia del universo. 

Este canario me recuerda la filosofía aquella de 
los maestros del Renacimiento: «Lo que seas, sélo 
con toda tu alma». 



Mar y amar tienen una sílaba común, y eso está 
muy bien; porque el mar, que fué la cuna de la es- 
pecie, la estimula maravillosamente a perpetuarse. 



El viento no sabe toda la gratitud que le tienen 
las mujeres honradas cuyas piernas son bonitas. 



El que besa una mano, así sea la de la reina má8 
hermosa, o la del santo más santo, no besa sino 
los besos de los demás. 

192 



o h r a s Completas 

No se sabe cuál hora es más larga, si la que pre- 
cede a la primer cita de amor, o la que sigue al 
primer desencanto... Si aquella en que esperamos 
a la mujer amada, o aquella en que deseamos que 
se vaya. 



Los hombres inteligentes no son gratos a los 
dioses. Siempre que los dioses han emprendido 
algo grande en el mundo se han valido de las al- 
mas simples y enérgicas, que no pierden el tiempo 
en razonar y discutir. 



La bondad es talento y voluntad, quintaesencia- 
dos en anteriores generaciones, y que se han con- 
vertido en instintos. 



Si diez años de hábitos, de costumbres no va- 
riadas, tiran más que diez garfios invisibles, qué 
serán diez siglos de historia. Por eso los países de 
abolengo avanzan con tanta lentitud. 



La vanidad y la hinchazón no son en el fondo 
más que sorpresa de un éxito que la conciencia 
sabe que no merece. 

195 
Tomo XXVII. U 



Amado Ñervo 

Debe ser espantoso el estado de conciencia de 
un rico, que ya en vísperas de morir, cae en la 
cuenta de que el destino le concedió el más formi- 
dable, el más estupendo instrumento de bien que 
puede haber en el mundo y lo empleó en frivoli- 
dades brillantes, en esnobismos ridículos y en ele- 
gantes minuciosidades... 



No hay reposo más grande que el de no espe- 
rar nada. 



Todo es cuestión de recipiente: la belleza» la 
bondad, la gracia que hay en un ser son las que 
caben en su copa espiritual. Un hombre es más o 
menos noble, bueno, sabio, según la porción de 
Nobleza, de Bondad, de Sabiduría que caben en su 
recipiente. Hay individuos en quienes Dios, con 
toda5 sus excelencias, no puede colocarse sino en 
dosis infinitesimales, como el sol por una rendija 
imperceptible. De estos individuos decimos que 
son malos, inferiores, viles; en realidad no son 
sino almas obscuras, recipientes mínimos. 



El cristianismo nació condenando al amor; Dios 
no quiso que su hijo procediese del amor de un 

194 



o h r a s Completa» 

hombre y de una mujer, y prefirió realizar un por- 
tento, haciendo dar a luz a una virgen. 

... Y, sin embargo, el amor (Magdalena), procla- 
mando antes que nadie la resurrección de Jesús, 
dio la victoria definitiva a la doctrina que debía 
transformar el mundo. 



No hay estratégica más admirable que la madre 
que quiere casar a una hija pobre y fea. 



Los maldicientes tienen la epidermis más deli- 
cada que sus víctimas. Su mayor castigo suele ser 
enterarse de lo que dicen de ellos. 



Cada amigo es el eslabón de una cadena. E! 
hombre de sociedad es el más lamentable esclavo 
moderno. 



Los hombres superiores no son los que no tienen 
instintos bajos, sino los que al fin aciertan a domi- 
narlos. De un hombre combatido por todas las ma- 

195 



Amado Ñervo 

las pasiones, puede surgir un ser sublime; de un 
hombre naturalmente moderado, no surge nada. 



El gran señor se conoce, no en lo que da, sino 
en la manera de darlo. 

Los espíritus mezquinos siempre se están lamen- 
tando de la «ingratitud» de los demás; en cambio, 
las almas generosas siempre se sorprenden del 
agradecimiento. 

Hay un olvido señoril y elegante por excelencia: 
el olvido de las mercedes otorgadas. 



Rockefeller, que no puede tomar más que un poco 
de leche peptonizada, se muere lentamente de ham- 
bre, como el mendigo de la esquina, pero con un 
concepto distinto de su estado, y este concepto es 
la única diferencia que separa al pordiosero del 
hombre más rico del mundo. 



Oir con paciencia es a veces mayor caridad que 
dar. Muchos infelices se van más encantados de la 
atención con que escuchamos el relato de sus pe- 
nas, que de nuestro óbolo. 



196 



o h r a s Completas 

El colmo de la sinceridad en un literato soporí- 
fero: dormirse leyendo su propia obra. 



Me decía un tenorio:— Es una fatalidad: siempre 
que salgo con mi mujer me encuentro las chicas 
más guapas y de aspecto más condescendiente. En 
cuanto salgo solo... ni una para remedio. 



No hay nada más disculpable que la maldad en 
un tonto, ni nada más triste que la malignidad de 
un hombre de talento. 



¡Con qué dificultad perdonamos a un amigo que 
nos haya sorprendido en un momento ridículo! 



Hay muchas mujeres honradas en el fondo, que 
por esnobismo prefieren parecer ligeras y soportan 
con ufanía el descrédito. En este caso los únicos 
dignos de lástima son los maridos. 

197 



m a d o N 

Diálogo con un distraído: 
—¿A cuántos estamos hoy? 
—A siete de enero... ¿y tú? 



Decía una señora tebrígista: 

— Yo tengo la pequeña vanidad de dar buen té; 
tome usted una taza, marqués, y verá cómo no 
duerme esta noche. Es un té auténtico... 



La vida nos cuenta siempre el mismo cuento. 
En la juventud lo oímos con emoción, esperando 
el final; en la madurez empezamos a encontrarlo 
monótono; en la vejez... nos dormimos oyéndolo. 



Un pueblo es tanto más culto cuanto mejor apre- 
cia los matices y semitonos de la vida. Los pueblos 
incultos aman los colores fundamentales, y en su 
lenguaje rara vez emplean el subjuntivo. Afirman 
rotundamente; son amigos del sarcasmo y no 
aprecian la tenuidad de la ironía. 



Ya sabemos que las opiniones vuelven como las 
modas; guardad cuidadosamente las vuestras en un 

198 



Obras Completas 

rincón del cerebro cuando os digan que < están 
mandadas retirar». Ya tendréis ocasión de volver 
a sacarlas peor que nuevas, y si las esgrimís con 
oportunidad, hasta resultarán audaces. 



De calumniar no queda nada, a pesar de la opi- 
nión de Voltaire. La estimación social no está ja- 
más basada sobre nuestra reputación, sino sobre 
nuestro rendimiento efectivo. 



Es propio del parvenú reñir con palabras des- 
compuestas a los criados. 



El miedo es más alevoso que la perfidia y más 
asesino que la ira. 



Cuando ya no tenemos nada, empezamos a com- 
prender que nada nos hace falta. 



m 



Amado Ñervo 

Si hay algo que duele más que la ingratitud, es 
la incomprensión. 



En todo paisaje de la naturaleza, aun en el más 
opulento, aun en el más luminoso, hay un inmenso 
fondo de melancolía, como si el mundo material 
estuviese triste por la carencia de algo misterioso 
que no nos es dado comprender. 



Un hombre tiene gana de fumar, quiere encen- 
der un cigarro; hace viento; se mete en un portal; 
en ese instante baja una mujer, que sale a la calle; 
se miran, se aman: las vidas de los dos toman nue- 
vos rumbos definitivos... ¿Todo por una ráfaga de 
viento? No; desde que el planeta salió de la nebu- 
losa primaria, aquel encuentro estaba ya en ger- 
men en el seno de las causas... 



En cuanto nos sentimos incapaces del menor al- 
truismo, nos volvemos escépticos y, si se ofrece, 
ateos, para tener el derecho de rebajar a Dios y a 
los hombres al nivel de nuestra miseria y de nues- 
tra nada. 

200 



Obras Completas 

La pasión amorosa más grande no resiste a tres 
meses de comidas sin invitados, so pena de rom- 
per mucha vajilla, o de estar cuando menos a cada 
paso en peligro de romperla. Los amigos invitados 
a las comidas son verdaderos aisladores de porce- 
lana entre electricidades contrarias. 



¡Quién sabe si en algún mundo especial existen 
los personajes creados por los dramaturgos y les 
piden cuenta del destino que les asignaron en sus 
obras! 



Los coléricos tienen su alma en las manos de 
los otros. 

No importa quién, puede agitarlos, atormentar- 
los, enloquecerlos. 



Procura tener amigos fríos y enemigos apasio- 
nados, porque el enemigo apasionado contribuye, 
con su notoria injusticia, a tu engrandecimiento, 
mientras que el amigo demasiado afectuoso suele 
perjudicarte enormemente con su celo. 

e 

201 



Amado Ñervo 

El signo más evidente de que se ha encontrado 
la Verdad, es la paz interior. 



Las diversas edades del hombre no son más que 
diversos géneros de niñez. 



Hay dos clases de sucesos infaustos: los evita- 
bles y los inevitables. No debemos tener miedo de 
los primeros, puesto que podemos vencerlos, y, en 
cuanto a los segundos, al efectuarse traerán consi- 
go su propio anestésico. Antes de herirnos, su 
aguijón nos parece muy agudo; cuando nos hiere, 
como nos inyecta al propio tiempo su narcótico, lo 
encontramos soportable. Por eso no conviene pre- 
ocuparnos de los inevitables dolores futuros: su 
previsión es más penosa que su realidad porque 
la naturaleza no está preparada aún para recibirlos. 



Hay algunos maridos que, por instinto invenci- 
ble de justicia, compensan cada regalo hecho a la 
amiga con un regalo hecho a la mujer. Y a veces 
el que ofrecen a la mujer tiene más valor... porque 
saben ellos que al fin y al cabo se queda en casa y 
sigue perteneciéndoles. 



202 



Obras Completas 

Si la naturaleza no tardase siete años, poco más 
o menos, en traernos a la conciencia del mundo 
visible, sino que de pronto nos mostrase su espec- 
táculo, nos moriríamos de asombro: de tal suerte 
la vida es maravillosa. 



La gente cortesana suele ser dura con sus infe- 
riores, porque instintivamente ejerce represalias de 
las humillaciones perpetuas a que se ve sometida 
en los palacios. 



La evolución espiritual va de la inconsciencia al 
éxtasis, a través del dolor. 



Las gentes eruditas suelen ser tan impermeables 
a las ideas como la plegadera que vanamente des- 
flora todos los libros. 



La ignominia debe llevarse con orgullo; la exce- 
lencia, con humildad, porque la primera es privati- 
va de nuestras acciones y la segunda es don inme- 
recido de los dioses. 



Amado Ñervo 

Cuántos hombres pasan la vida febrilmente que- 
riendo hacer la felicidad del mundo y estropeando 
todos los días la dicha humilde (pero tan respeta- 
ble como la dicha universal) de los que le rodean. 
¡Qué bueno sería que todos los que aspiran a ser, 
como Tito, la delicia del género humano, empeza- 
ran por ser la delicia de su familia! 

No podemos imaginar una gran alma: Platón, 
San Francisco de Asís, Pascal, o el divino Jesús, 
sin unos grandes ojos. Los ojos han sido llamados 
los ÓRGANOS ESPIRITUALES. Difícilmente concebimos 
que un hombre de ojos pequeños sea capaz de una 
noble acción. 



Véngate del mundo siendo mejor que el mundo. 
¿Dices que en el mundo reina la crueldad? Pues 
sé tú piadoso. ¿Dices que impera la fuerza bruta? 
Pues respeta tú a los débiles. ¿Dices que la injus- 
ticia hiere a los buenos? Pues tú sé justo hasta con 
los malos. ¿Afirmas que en un planeta donde acon- 
tecen tantos horrores no es posible encontrar la 
huella de Dios? Pues que esa huella se encuentre 
en tu espíritu y en tu corazón: te aseguro que basta 
y sobra. 



m 

204 



o h r a 8 Completas 

La cordura y el genio son novios; pero jamás 
han podido casarse. 



Un lobo, un tigre, después de hartos, dejan los 
restos para sus compañeros. Sólo el hombre, des- 
pués de harto, niega lo que le sobra a su hermano 
y le deja morir de hambre a las puertas de su des- 
pensa. Esta actitud es privativamente humana. 



¿Por qué querer saber cómo es Dios? Conténta- 
te con amarle. 

¿A qué buscas el porqué de la vida? Conténtate 
con vivirla. 



Tú eres la virginidad eterna, que no puede ser 
violada, porque renace perennemente en el himen 
de las mujeres y en los capullos de las rosas. Tu 
aliento es la esencia misma de todas las flores y 
el ritmo de tu corazón inmenso es el propio ritmo 
del mar. 

Al querer a las mujeres, en realidad no he he- 
cho sino quererte a ti, y por ti suspiraba mi juven- 
tud siempre que me miró con amor alguna de ellas. 



)05 



Amado N e r v o 

Dijo el hombre: Señor, tú mandas que ame al 
prójimo como a mí mismo, que dé de comer al 
hambriento, que dé de beber al sediento, que vista 
al desnudo. Mas acaso el prójimo, mi hermano, 
¿no es más hijo tuyo que hermano mío? Y eres tú, 
sin embargo, quien lo deja desnudo y hambriento 
y sediento y dolorido... 

—Hijo mío: Yo amo a los hombres con tu cora- 
zón y con todos los corazones; los socorro con tu 
mano y con todas las manos; lloro sus angustias 
con tus ojos y con todos los ojos... 



Entre el cielo y tus ojos no hay más que mi 
alma; pero a través de mi alma se ven perfecta- 
mente las estrellas. 



La guerra no tiene quizá las explicaciones ni los 
motivos políticos, económicos o religiosos que los 
filósofos y publicistas le atribuyen: es una simple 
enfermedad de la especie; inmenso organismo su- 
jeto a crisis periódicas como todos los organismos. 

No hay, por lo demás, una enfermedad que no 
sea guerra encarnizada entre elementos diversos. 
La curación es siempre victoria (en lo físico, se en- 
tiende) y la muerte es siempre derrota. 



206 



o h r a $ Completas 

En el amor la mitad del pecado es el del hom- 
bre y la otra mitad es de los dioses. Por eso se 
perdona a los que han amado mucho. 



La pugna entre la razón y la fe^ entre la inteli- 
gencia y el sentimiento, ¿no vendrán por ventura 
de que proceden de los dioses diversos? ¿La razón 
de un dios negro, el sentimiento de un dios blan- 
co... o viceversa? 

A menos que, como dice Novalis, la ciencia no 
sea más que una mitad y la fe la otra mitad. 



El que no ha amado no puede comprender mu- 
chos matices de la vida, de la naturaleza del arte. 
El amor es un tercer órgano de la visión, un sexto 
sentido. 



Los ideales son escalones para subir al ideal. 

Hay muchos ideales que naufragan, como las 
razas que los enarbolaron; pero el Ideal flota 
siempre. 



207 



Amado Ñervo 

Sin ilusión de que cambiar de postura es aliviar 
el dolor, nadie viajaría ni emprendería en nada. To- 
dos permaneceríamos inmóviles, pensando acaso, 
con Pascal, que los males del hombre no vienen 
sino de que no sabe estarse tranquilo en su habi- 
tación. 



Las almas superiores no tienen miedo más que 
de una cosa: de cometer una injusticia. 



Una de las mejores maneras de corregir ciertos 
defectos es atribuir ostensiblemente a quienes los 
tienen las virtudes contrarias. 



La indulgencia nos viene de que nos sentimos 
capaces de incurrir en los mismos errores ajenos o 
recordamos haber incurrido en ellos; por eso es 
propia de los viejos. 

En cuanto un hombre se piensa incapaz de co- 
meter los pecados de otro, se vuelve despiadado 
para juzgarlos. Su castigo suele ser entonces... 
que los comete mayores aún. 

208 



1 

I 



Obras Completas 

No sólo la aproximación de los grandes dolores, 
también la aproximación de los grandes placeres 
da miedo. En el umbral de un gran placer no pro- 
bado, el alma se encoge temblorosa. 



No somos tan señores de nuestros actos y movi- 
mientos como la cuenta del rosario o la moneda 
china lo son de ir y venir... a lo largo de su hilo. 



No nos es posible siquiera concebir un mundo 
sin dolor; sería un mundo inconsciente, y por lo 
tanto no tendría noción de sí mismo . No existiría, 
en suma. Si suponemos un principio de conciencia, 
ya tenemos que suponer un principio de dolor. 

Mas aún: el simple hecho de concebir nosotros 
un mundo sin dolor, indica nuestra capacidad de 
pensar e imaginar... hija del dolor, formada única- 
mente por el dolor. 



Un hombre tiene tantas fisonomías como ojos le 
ven, tantas almas como gentes le conocen: el 
nombre de todo hombre es Legión. 



369 
Tomo XXVII. 



Amado Ñervo 

Somos seres invisibles: esto que vemos, esto 
que palpamos de nuestro cuerpo, no es nuestro yo, 
sino su manifestación. Nuestro yo es tan invisible 
como el de los muertos. 



- Un espíritu moderno no puede ser neutral en 
ninguna contienda del mundo, porque considera 
que todo gran problema es su problema, que toda 
gran quietud es su inquietud. Ser neutral es ser 
neutro... 



La conciencia del ridículo suele ser más molesta 
que la conciencia del pecado. 



Hay algo tan necesario como el pan de cada día 
y es la paz de cada día; la paz, sin la cual el mis- 
mo pan es amargo. «Danos, Señor, la paz de cada 
día>, debiéramos añadir al Padrenuestro. 



jPara qué llevar flores al erizo! El erizo no com- 
prende... 

M .ÍIVXX 



I 



Obras Completas 

Dejémosle con su coraza hostil y guardemos 
nuestro gran haz de rosas para el vaso de Sévres. 



El acuerdo con nosotros mismos es má difícil 
que la unanimidad absoluta en un Parlamento. Por 
eso lo logramos tan raras veces y por tan corto 
tiempo. El hombre que lo obtiene de una manera 
permanente, es un semidiós. 



¿Qué autor sería capaz de no firmar un libro que 
creyese admirable y de darle así al mundo, como la 
nube sin nombre de la lluvia, embelesa con el arre- 
bol, encanta con el celaje... y se va? 



Los ruidos monótonos, como la oscilación del 
péndulo en una estancia, o el cri-cri de los élitros 
del grillo y la cigarra en el campo, subrayan mara- 
villosamente el silencio; son cómplices preciosos 
del no pensar y provocan esos deleitables estados 
semiextáticos, en que el alma se asoma al más allá. 



211 



Amado Ñervo 

Cada mujer es nuestro primer amor en su géne- 
ro, puesto que a cada una la amamos de un modo 
totalmente distinto, en un escenario nuevo y con 
un renovado corazón... 



Está probado que hay flores que se marchitan 
más pronto sobre determinadas mujeres, como hay 
perlas que reviven y ganan en oriente sobre algu- 
nos pechos. ¿Quién nos dirá el secreto de estas 
antipatías y de estas afinidades misteriosas? 



El hombre que está mirando las estrellas es una 
parte de las estrellas; el hombre que está mirando 
el cieno es una parte del cieno. Allí donde liega 
nuestra insistente mirada va con ella una prolonga- 
ción esencial de nuestro yo. 



Durante ciwtos angustiosos estados de concien- 
cia no conviene cerrar los ojos: veríamos cosas de- 
masiado terribles. 



Para saber quién eres, necesitas morir. 
8 
219 



Obras G0mpleta$ 

A medida que el hombre vaya comprendiéndose 
mejor a sí mismo, mejor comprenderá a Dios. 



Hay hombres tan viles, que escapan hasta al do- 
lor (que es una predestinación, un signo de aristo- 
cracia) y apenas si sufren en la vida molestias, 
como el mulo soporta las moscas que no puede 
espantarse con el rabo. 



Sabido es que hay dos maneras de orar: cerran- 
do los ojos o alzándolos al cielo. Quienes se ima- 
ginan un dios antropomorfo, lo buscan ingenua- 
mente entre las nubes o entre las estrellas... Pero 
los espíritus más altos, con los ojos cerrados, se 
asoman al abismo de su conciencia. 



Para ser pesimista basta dirigir una mirada su- 
perficial a las cosas: el contraste de luz y de som- 
bra (más sombra que luz) se revela inmediatamente 
aun al sentido menos perspicaz. Para ser opti- 
mista es precisa una penetración muy honda y re- 
flexiva de los hechos; es menester hurgar profun- 
damente en las entrañas de la vida y sorprender 
su lógica maravillosa. 

212 



Amado Ñervo 

Lo imprevisto constituye de tal manera la trama 
de los días, que el hombre que se levanta con la 
seguridad de ser un espectador divertido de los 
sucesos, no dándoles más importancia que la que 
su furtiva actuación merece, nunca sale defrau- 
dado. 



El orgullo es el pecado más difícil de desarrai- 
gar; porque quien lo tiene se complace en tenerlo. 

A ningún hombre— como no sea un cínico— le 
agrada que digan de él: «es un lujurioso, es un 
glotón, es un perezoso». Pero si afirman: «es muy 
orgulloso, muy altivo, muy soberbio», se siente 
halagado. De aquí que crezca esta arrogancia con 
el conocimiento de sí misma, cuando los otros de- 
fectos y pasiones tienden, con este conocimiento, a 
menguar. Por eso vemos, según el Génesis, caer a 
la más maravillosa de las criaturas merced a su or- 
gullo. Ninguna pasión hubiera podido ser bastante 
eficaz para contaminarla. Pero el orgullo, que siem- 
pre se cree legítimo y aumenta con la afirmación 
de sí mismo, venció al Ángel imponderable... 



Quiere aun cuando no te quieran; querer ¿no es 
ya por ventura un fin, una plenitud? 



214 



Obras Completas 

Señor, yo también tengo mi corona de espinas: 
la corona de mis torturadores pensamientos... 



El sueño nos da una prueba evidente de la ilu- 
sión de la personalidad: soñando, vemos personas 
que son ellas y son otras al propio tiempo, que 
siéndonos conocidas por su nombre, se llaman, sin 
embargo, de otro modo, o tienen otra fisonomía, 
otra edad, sin embargo de lo cual, las reconoce- 
mos y la lógica de los hechos soñados no padece 
por eso. Nosotros mismos tenemos otro cuerpo, 
otra edad, otra apariencia; pero nuestro yo va y 
viene incólume a través de esta aparente contra- 
dicción de formas. 



El que no quiere andar con los hombres, tiene 
que habérselas con los fantasmas interiores, que 
intentarán devorarle en la soledad. Pero si los 
vence es un dios. 



Para esos insectos que en nutrido enjambre gi- 
ran alrededor de la bombilla eléctrica de cien bu- 
jías que alumbra mi despacho, ha sobrevenido un 
estupendo, un inexplicable cataclismo. Yo he he- 

215 



Amado N e r 9 

cho girar el botón del contacto y se ha apagado 
instantáneamente mi lámpara... 

Imaginaos que de pronto se apagase el sol para 
este enjambre de humanos que giramos alrededor 
de él... ¡Qué espanto! ¡Qué horrible desconcierto! 
¡Qué frío! 

Pues lo propio ha acontecido a mis insectos. 

Hay un físico entre ellos, que explica a los otros 
el por qué de la extinción súbita. 

Hay un místico, que imagina que fué aquéllo un 
castigo de Dios, irritado. (A lo que parece, los in- 
sectos eran grandes pecadores.) 

Un filósoso pretende fundar en aquel cataclismo 
un sistema nuevo. 

En tanto Dios (es decir, yo en este casó) duer- 
me tranquilamente en la alcoba, al )ado del despa- 
cho obscuro... sin oír al filósofo, ni al físico, ni al 
místico. 

Mañana, en la noche, cuando la lámpara vuelva 
a encenderse, un insecto astrónomo dirá que se 
trata de una estrella variable como Mira Gaeti o 
Algol.,, cuya periodicidad es muy difícil establecer. 



Todas las cosas que caen en el fuego, por impu- 
ras y negras que sean, se vuelven llama... Así las 
almas que se abrasan en la hoguera del divino 
amor. 

216 



Obras Completas 

Lo que anhelas, lo que ansias, lo has pensado 
tú. Lo que sufres, lo que penas, lo ha pensado Dios. 
Es el lote especial que El te ha destinado. Por eso, 
más bellos que todos tus proyectos y tus esperan- 
zas, son tus dolores, ya que los proyectos son tu- 
yos y los dolores vienen de El. Son su regalo, su 
divino regalo. 



¿Por qué hay en el mundo tantas opiniones como 
hombres? Porque acaso Dios quiere que su uni- 
verso sea entendido y visto de infinitas maneras, a 
fin de que hasta en las mentes humanas conserve 
su prerrogativa de infinidad. 



¿A quién ha fiado la naturaleza la consecución 
de su intento por excelencia, de su empresa supre- 
ma, la empresa de la vida? Al ser menos intelec- 
tual de la especie (cuando se intelectual iza se adul- 
tera): a las madres. 

¡Oh, intelectuales, meditad en esto y no os enor- 
gullezcáis! 



Nos quejamos amarga y continuamente de los 
defectos de nuestro prójimo. Sin embargo, sin ellos 

217 



Amado Ñervo 

la monotonía de nuestras relaciones sociales sería 
enorme. Son los defectos los que subrayan la per- 
sonalidad. Son ellos la firma de la naturaleza. 

Acusan los perfiles, contrastan la vida y dan pre- 
cio a las cualidades engastadas en ellos. 



Nuestra moral no está edificada sino sobre los 
sillares de nuestra malicia. 

Si todo está determinado, si todo es fatal, como 
quieren tantos filósofos— ^ntre ellos el admirable 
Schopenhauer— ,¿por qué existe y persiste en nos- 
otros el remordimiento? ¿Por qué esa dolorosa ilu- 
sión o realidad de una lucha, de un conflicto inte- 
rior entre lo que quiere nuestra naturaleza y lo que 
quiere la moral de los hombres? 

Schopenhauer, en su bellísimo ensayo sobre el 
libre arbitrio, casi nos convence del fatum; pero no 
es muy feliz cuando quiere sutilmente explicar la 
razón del remordimiento. 

Los grandes sabios y los grandes poetas siempre 
están de acuerdo. 



Todos estamos como forrados de espinas. No 
pueden dos seres encontrarse en el camino de la 

218 



Obras C ompletds 

vida sin hacerse mal... Si se aman, como el amor 
tiene aún más espinas, se harán más mal aún. 

... Pero entre las espinas crece el santo lirio del 
cariño. 



¿Os imagináis un proyectil consciente? ¿Un pro- 
yectil bondadoso que obedece por fuerza a la fata- 
lidad de su origen? Lanzado del cañón contra su 
voluntad, iría gritando: /Apartaos^ apartaos, huidl 
No quiero hacer daño.-. Voy cargado de explosi- 
vos espantosos-,, espantosos... esp..., y una ho- 
rrible detonación interrumpiría su grito angustioso, 
y habría miembros que saltasen tierra brutalmente 
removida, muros que se desplomaran... 

Pues, creedlo, en el mundo hay seres como es- 
tos proyectiles... No quisieran hacer mal, pero es- 
tán cargados de explosivos... Tienen un misterioso 
y sublime destino dentro de su crueldad aparente. 
Van despejando los senderos; van abriendo el ca- 
mino de Dios. 



El mineral ansia ser planta, la planta ansia ser 
bestia, la bestia ansia ser hombre, el hombre ansia 
ser dios. 

219 



Amado N e r v » 

La humanidad no sufre sino por falta de conoci- 
miento: las enfermedades, las guerras, las angus- 
tias morales todas, ¿qué son sino falta de conoci- 
miento? Las propias catástrofes de la naturaleza, 
con conocimiento podrían ser evitadas o neutrali- 
zadas. Hay que adquirir el conocimiento para lle- 
gar a la plenitud. 

—¿Por qué, pues, Dios nos dio un conocimiento 
incompleto? No podía dárnoslo de otro modo, pues 
entonces nuestro conocimiento sería idéntico al 
suyo; es decir, sería Dios mismo; es decir, no exis- 
tiría en nosotros, sino en El. Para diferenciarse 
Dios tenía que limitarse. 



¡Oh, mis muertos, yo no sé si vivís, yo no sé 
dónde estáis, yo no sé cómo sois! Yo no tengo más 
dato que mi amor... 

Sí sé que os amo, y mi amor es una certidumbre. 
¿Cabe amar tan hondo a quien ya no existe? 

¿No lleva el amor consigo su propia ley? 

¿No es flecha que siempre da en el blanco? 

¿No es paloma que siempre halla el camino? 

Si os amo, pues, existís. 



No es siempre el tumulto exterior el que impide 
oir la voz de Dios: es muchas, muchísimas veces, 

220 



Obra» Completas 

el tumulto interior: las voces del orgullo, de la va- 
nidad, de la lujuria, de la conveniencia, los rugi- 
dos de la casa de fieras que cada uno llevamos 
dentro... 



Quizá una de las tendencias que más perjudican 
a un hombre, y por ende a un pueblo, es la de no 
desdecir del carácter de la Raza. 

En determinadas circunstancias de la vida, un 
francés, un español, un inglés, se dicen: «Hay que 
obrar como francés», «como español», «como in- 
glés», ligándose así con este propósito a la tiráni- 
ca fatalidad ancestral y negando al mundo la can- 
tidad de «imprevisto», de «creación» que espera 
de él. 

Un español estará empeñado en ser quijote; un 
francés en ser «alegre, bravo y lógico»; un inglés 
en mostrarse altivo, reservado y práctico, pongo 
por caso. 

En momentos definitivos, un español dirá a quie- 
nes estén bajo sus órdenes: «Acordaos de que sois 
españoles», y un francés: ^^Souvenez-vous que vous 
étes les frangais^ . En cuanto al inglés, murmurará 
fríamente: <^Rememher that you are Britishh Y 
ninguno de los tres exclamará la única frase justa: 
«¡Acordaos de que sois hombres!» 

Surge un místico español y se cree obligado a 
ser un «místico realista». «Mi Dios— me escribía 

921 



Amado Ñervo 

una vez el grande y hondísimo Unamuno— es de 
carne y hueso». 

Surge un pintor y se cree obligado a seguir la 
tradición del Greco y de Velázquez. En cuanto a 
los poetas, su independencia llega a los cuarenta 
años. Después vuelven los ojos al siglo xvi y pe- 
recen en brazos de Santa Teresa o sobreviven un 
poco para morir en los de Cervantes o Quevedo... 

Y así vemos en los graves, en los augustos y sa- 
grados momentos en que el planeta se renueva 
por el hierro y por el fuego, y en que la Evolución 
de la Especie parece tomar rumbos definitivos, mu- 
chos señores que se queman las cejas en trabajos 
de una erudición nimia e infantil. 

Nos falta humanidad en el Arte y un sentido de 
la actualidad verdadera; necesitamos el instinto 
que nos lleve al redaño de los verdaderos proble- 
mas, y es ya tiempo de unlversalizarnos. Esta gue- 
rra nos enseña el enorme peligro de las fronteras 
mentales... 



Lo imprevisto constituye la nobleza de la vida y 
trae ja misteriosa marca de origen de lo invisible. 



La inmortalidad individual depende acaso de 
nosotros mismos: una voz misteriosa nos pregunta 

222 



Obras Completas 

al morir: —¿Quieres o no quieres seguir siendo? 

Si el hombre responde resueltamente: «Quiero», 
subsiste..., pero como amputado, como incomple- 
to acaso; acaso en un estado doloroso, ya que una 
nueva vida no puede, no puede persistir sino mer- 
ced a un conjunto de equilibrios y a un perenne 
triunfo contra obstáculos formidables. na 

¿Pero quién a esta pregunta formidable se atre- 
vería a responder: «No*? 

El hombre tiene más horror de la nada que de 
muchos martirios. 

Ni siquiera puede concebir la nada: la imagina 
como algo vacuo, muy negro y silencioso...; pero 
él está allí, en un recodo de ese silencio y de esa 
negrura... 



Cuando el marciano se hubo familiarizado con 
el lenguaje terrestre— lo cual fué largo, por cier- 
to, y laborioso—, empezó a pedir explicaciones 
sobre la constitución de nuestro orden social. »■ 

Preguntaba sin cesar a los sabios terrestres en- 
cargados de instruirle, y se reía, con gran escán- 
dalo de ellos, de una porción de cosas: de las for- 
mas de gobierno, de las religiones, de las Acade- 
mias y de las categorías oficiales. ' >' 

Mas cuando se llegó al capítulo del amor 'y Ife 
dijeron que éste se vendía, ya al comprador con- 
yugal, ya al solicitante que iba de paso, ya en esta 

S2i 



Amado N € r V c 

forma, ya en aquélla, se puso serio y no acertó a 
comprender. 

—i Cómo la función esencial, la función santa 
por excelencia de la naturaleza, podía tener un va- 
lor monetario! 

Le explicaron los sabios— pasmados de su inge- 
nuidad—que había dos clases de amor: que en el 
amor se compraba ostensiblemente el goce, y se 
adquiría, mediante notario, el derecho total que la 
Especie requería. Pero tampoco hubo manera de 
convencerle. 

—Por ventura— preguntó irónicamente uno de 
los sabios—, ¿en Marte el amor es gratuito? 

—En mi planeta— respondió el marciano— no 
hay sexos: somos hermafroditas. 

— ¡Ah, ya comprendo!— replicó el sabio—. Y 
claro, no es cosa de que saquéis vuestro dinero de 
uno de vuestros bolsillos para meierle en el otro y 
pagaros así a vosotros mismos. Pero en la tierra, 
hijo mío, cada uno necesita su cada una, y la cada 
una se aprovecha de esta necesidad invencible. 
¿Comprende usted? 

El marciano, abriendo tamaños ojos (los tenía 
muy luminosos, grandes y bellos), insistió en que 
no comprendía, y a petición del sabio interlocutor 
se pasó a otro capítulo de la constitución social 
del mundo. 



224 



Obras Completas 

Aquel pensamiento de Flaubert, tan conocido: 
«Hay paisajes de tal suerte bellos, que quisiéra- 
mos estrecharlos contra nuestro corazón >, lo he 
sentido yo, profundamente, muchas veces ante el 
mar. A veces querría que el mar fuese una mujer 
para apretarla entre mis brazos y besarla cien y 
mil veces en la boca. 



Hay un gran placer (¿tal vez vanidoso?) en tra- 
bajar lealmente, eficazmente, en el terreno de las 
Ideas, del Arte, y en que lo ignoren a uno justa- 
mente en aquel medio en que trabaja. 

Es placentero ir por las calles de la metrópoli 
familiar y ser más desconocido en ellas que el úl- 
timo vendedor de periódicos. No ver en los esca- 
parates un solo libro nuestro (en los escaparates 
llenos de opúsculos y libros insinceros sobre 
la guerra; de novelas policíacas o algo peor). 



Te dan riquezas, tendrás Honores, Amor tuviste. 

—¿Por fin te contentarás? 

—El alma quiere algo más, y está triste. 



285 
Tomo XXVII. 



Amado Ñervo 

Si Dios fuese nada más justo, no merecería que 
le llamásemos padre, y Cristo no nos habría ense- 
ñado a llamarle así. 

Le llamaríamos juez, amo, señor. 

Para otorgar justicia basta un juez a quien nadie 
engaña. 

El Padre tiene que otorgar algo más: indulgen- 
cia, piedad, misericordia. 



Quizá una de las pruebas de que el hombre, si 
no absolutamente libre, goza por lo menos de cier- 
to albedrío, autónomo; es lo mal organizada que 
está la sociedad. Si todo fuese fatal, es decir, de- 
pendiese de fuerzas superiores, la sociedad estaría 
tan bien organizada como los astros, como los rei- 
nos mineral y vegetal... Ningún dios, por inferior 
que le supongamos, ha podido arreglar el mundo 
tan mal como está. 

Sobre la abulia: A lo que parece, los tempera- 
mentos en el siglo actual son cada día menos defi- 
nidos, menos acusados y enérgicos. El número de 
abúlicos es ya infinito. 

Hay cada día más individuos que llegan al pa- 
roxismo de la angustia cuando se ven forzados a 
tomar una resolución. 



Obras Completas 

Daré una explicación a mi modo de esto; se tra- 
ta de una simple hipótesis sin valor ninguno: los 
espíritus directores del planeta o el demiurgo, si 
os place, han o ha resuelto asumir directamente el 
gobierno del mundo. 

Se trata de una resolución análoga a la del man- 
do ÚNICO ALIADO. 

Antes el demiurgo, o las inteligencias directoras 
del planeta, se valían de los genios para pastorear 
a los pueblos. Ahora los dirigen ellos mismos. Y, 
naturalmente, la voluntad humana, que si es nor- 
mal posee, como hemos dicho arriba, un poco de 
libertad, les estorbaría en sus designios... 



Un Dios que contente mi razón: eso quiero; eso 
voy buscando... 

Muy bien; mas ese Dios que contente mi razón 
puede no contentar la razón de los otros. . . Será mi 
Dios, únicamente mío; porque la Razón razonaría 
de distinta manera en cada hombre. ¿No hacemos, 
por ventura, cosas razonables que a los demás les 
parecen la sinrazón y la demencia? 

Tendré, por tanto, que contentarme con mi Dios 
familiar, el que cabe dentro de mi parcedad men- 
tal, dentro de mi lógica, de mi mal llamado buen 

SENTIDO... 

227 



Amado Ñervo 

Sí; pero ese Dios no puede explicar sino mis 
más caseros porqués... 

Entonces ¡qué hago si no me resuelvo a saltar 
las fronteras de mi lógica! 



Aliquid novam: Torturarse por decir algo nuevo, 
tras de ser pena inútil, es vanidad. La mejor ma- 
nera de decirlo es no pretenderlo y traducir en todo 
el propio temperamento. 

En la naturaleza las cosas y los seres se pare- 
cen siempre en algo, pero difieren en mucho. Ja- 
más se encuentra la igualdad, y si esto es cierto de 
los tres reinos, en llegando al carácter, al tempe- 
ramento de cada hombre, la variedad es maravillo- 
sa. El que sigue, pues, la veta escondida de su 
temperamento, siempre hará cosas nuevas en arte. 
Los otros sólo harán extravagancias. Ya dijo Zola 
que «L'effort n'est pas la forcé ni Textravagance 
Toriginalité». 

Se diría que una voluntad misteriosa (y amable) 
fosiliza numerosos ejemplares de las diversas es- 
pecies animales que han poblado el globo a fin de 
que duren y sirvan al hombre de documentación 
en lo futuro para sus investigaciones. Los fósiles 
constituyen la biblioteca de la naturaleza. 



228 



Obras Completas 

Acusar a un poeta de sufrir influencias ajenas 
es acusarlo de existir. Nadie procede de sí mismo, 
fuera de Dios. 



Un traje elegante es la combinación de un color 
y un figurín con la figura y el color de una mujer. 

No hay figurines elegantes: no hay más que mu- 
jeres elegantes. 



Suele la gente sencilla sorprenderse (tontamen- 
te) de que el poeta, el filósofo, el hombre de altas 
y bellas ideas, no sea en su vida lo que es en sus 
pensamientos. 

¿Y cómo ha de serlo si se trata de funciones 
distintas? 

El poeta, el hombre que piensa, más que un 
hombre es un espíritu, que no toma del cuerpo 
sino lo necesario para dar carne de palabra a su 
pensamiento. 

El otro, el puramente humano, es un animal que 
está obligado por .ley de naturaleza a nutrirse, a 
vestir, a luchar continuamente, con el fin de dar al 
otro, al ángel, un soporte, no de otra suerte que la 
trípode era instrumento del oráculo. 

Y el vulgo quiere que éste sea como aquél: 
{absurda pretensión! 

229 



Amado Ñervo 

Ya es mucho que una vida responda en su parte 
noble a la ética del alto espíritu que la habita. 



Me hablas de apariciones: y qué aparición más 
fantástica que la del hombre sobre la tierra, salien- 
do inconsciente y pequeñín del seno de una mujer; 
formado de una cosa que se llama la materia or- 
gánica y que todavía no sabemos lo que es ni si- 
quiera si es; creciendo lentamente, sin que pueda 
afirmarse cómo; marchitándose a poco, sin que 
acertemos a comprender por qué; y desvanecién- 
dose al parecer al cabo de algún tiempo, como si 
nunca hubiera existido... 



No hay espejo que ayude a la mujer, como el 
poeta, a mirar en sí misma. 



No existe en mi concepto símil más apropiado 
para la vida que el de un túnel: venimos de la luz, 
vamos hacia la luz, a través de un túnel más o me- 
nos largo y obscuro. 

Poincaré dijo que la vida era como un relámpa- 
go entre dos largas noches, y añadió: «pero en ese 

250 



Obras Completas 

relámpago está todo». No es cierto: la vida es un 
túnel entre dos esplendorosos días: el que prece- 
de a nuestro naeimiento y el que sigue a nuestra 
muerte. 

Y ese túnel no es todo: es, como los demás tú- 
neles, una porción, generalmente insignificante del 
largo camino... 

La monotonía de una vida suele ser el cimiento 
de su seguridad: no trates de quebrantarla; no sea 
que te despeñes en la tragedia. 



Hay momentos en los cuales todo hombre noble 
y bien nacido se avergüenza de sus pensamientos, 
por viles y bellacos. Mas, en realidad, no son su- 
yas esas vilezas y bellaquerías. Vienen del estiér- 
col en que enraiza la planta para dar flor. Son 
reminiscencias de la animalidad y pasan frente a 
su yo sereno, límpido, como un mico gesticulante 
pasa frente a un espejo... 



La religión, en todo su augusto sentido, debe ser 
quizá la actitud final de una raza, no su actitud ini- 
cial. Se va hacia la religión por medio de la cien- 
cia, de la experimentación, de la cultura, acumula- 
das a través de los siglos; no se viene, o no se debe 

251 



Amado N e r v c 

venir, de la religión. Esta ha de ser la actitud cons- 
ciente por excelencia de la especie: la suprema fun- 
ción espiritual. 



Los hombres, con sus procedimientos de des- 
trucción, han llegado a ser más eficaces que los 
cataclismos geológicos. 

En una gran batalla actual (la de Verdun por 
ejemplo) hay más víctimas que en la erupción del 
Krakatoa, que es una de las más tremendas que se 
conocen. 



La vida no es más que una muerte temporal, que 
empieza en el nacimiento y concluye en el ataúd. 
Esto lo ha sabido de tal suerte la intuición de los 
pueblos, que hay miles de cuentos maravillosos en 
que un príncipe o una princesa duermen hasta que 
se rompe el encanto. 

El príncipe o la princesa es el alma, y el encanto 
lo rompe la muerte. 

La sonrisa augusta, infinitamente serena, de al- 
gunos cadáveres, es muy semejante a la del niño 
que despierta sano y contento, o a la del adulto 
que, al recordar, ve que los tristes fantasmas de su 
sueno se han desvanecido. 



252 



Obras Completas 
El miedo no es más que un deseo al revés. 



¡Qué ser más precioso puede darse que aquel 
que nos ayuda a cumplir nuestra fatalidad! 



No conviene apagar ninguna lámpara. 

Encienda cada cual la luz que trae, pero sin ex- 
tinguir las anteriores. 

Hay almas que están alumbradas con la modes- 
ta lamparita de aceite de una creencia ingenua, y 
que ciegan ante una lámpara de arco. 

Es conveniente llevarlas con una dulce grada- 
ción hacia el foco... Ellas mismas verán entonces 
que su lamparilla es inútil y soplarán sobre la luz 
vacilante. 



Todo hombre es como un cheque en blanco, fir- 
mado por Dios. Nosotros mismos escribimos en él 
la cifra de su valor, con nuestro merecimiento. 

El que socialmente o moralmente empieza por 
rebajarse, pone en su cheque unos cuantos cén- 
timos. 

m 



Amado N e r v c 

El altivo, sin orgullo, pero con dignidad, el no- 
ble, el bueno, ponen cifras sustanciosas. 
Y así de todos los demás. 



He aquí un bello nombre para Dios: «el sublime 
desconocido...» 



¿Cómo saber hasta dónde llegó mi culpa? 
Viendo hasta dónde llega mi castigo. 



Los que afirman que aman hoy «como no han 
amado nunca», se parecen a los que pretenden que 
♦este verano ha sido más caluroso que los ante- 
riores». 



Yo me he vengado del desconsuelo de mi vida, 
consolando a los otros. 



La conciencia debía ser voluntaria, como el ce- 
rrar los ojos: así en los momentos angustiosos de 
la vida, cabría el recurso de perderla. 

254 



Obras Completas 

¿Cuál es el más dulce retorno? El de un cariño 
que creíamos ya perdido y que vuelve a nosotros 
sonriendo. 



Si la vida es un mal, por contraste la muerte 
será un bien. 



Las tres lástimas: 
Me inspiras estas tres lástimas: 
Lástima que te haya conocido en vísperas de 
mi viaje. 
Lástima que tengas novio. 
Lástima que no tenga veinte años menos... 



Hay seres que desde que nacen o desde que los 
encontramos, parecen destinados a hacernos bien. 

Hay otros que parecen exclusivamente destina- 
dos a hacernos daño. 

Estos últimos son mucho más preciosos que los 
primeros; porque nos ayudan a agotar nuestra fa- 
talidad, y debemos tratarlos con amor, indulgencia 
y resignación. 



El órgano del conocimiento divino no es el ce- 
rebro, sino el corazón. Por eso vemos a tantos 

255 



Amado Ñervo 

hombres de gran talento titubear en las tinieblas y 
perderse en los recodos de todas las filosofías, sin 
encontrar a ese Dios a quien encontró ya la ce- 
leste ignorancia de tantos humildes. 



Los problemas sociales y políticos son del tama- 
ño de los países en que el destino los plantea. A 
grandes naciones, grandes problemas. Esas crisis 
formidables que surgen en algunos pueblos, son ya 
el más seguro indicio de la fortaleza de quienes 
tienen que sufrirlas. 



Lo único verdadero es lo bello, porque es ya, 
pues al llegar a su plenitud se identifica con la ma- 
triz eterna. Lo feo, en cambio, no existe porque 
sólo significa un momento del devenir hacia lo 
bello. La fealdad sólo es una belleza en embrión. 



Una vez que te resuelves a amar lo inaccesible, 
ya estás en paz. Como no hay posibilidad de al- 
canzar en este mundo lo que adoras, la impacien- 
cia temblorosa se te muere en el alma... 

¡Feliz el fiel amante de una estrella! 



m 



o h 



m p I e t 



Sólo hay tres voces dignas de romper el silen- 
cio: la de la poesía, la de la música y la del amor. 



Yo era un cardo, que esperaba una mariposa., 



Dios no separa ni disocia amores: los junta y 
aprieta más. 

Hemos de fundirnos un día en el abismo infinito 
de su esencia; pero hemos de fundirnos abrazados 
a todos los que amamos en el largo camino de la 
evolución. 




S57 



índice 

Páginas 

I.— El arquero divino. 9 

Primera página 11 

Perseverancia 12 

Si mi amor es pecado 15 

Oración 16 

Los grandes señores 19 

Dios hará lo demás 20 

Pudiera ser 21 

Testarudez 22 

Para encontrarte 24 

El día que me quieras 26 

Sed 28 

Ansiedad 29 

Inconsciencia. 30 

Callados 31 

En todo 32 

Rayo verde 33 

El alud 34 

Al oído 36 

Y tú, esperando 38 

Siempre 39 

El viático 41 

iComo una mariposa! 42 

La vengadora 43 

Lo más inmaterial 44 

Dos misterios 45 

La llama 46 

El clavo de oro 47 

Paz 49 

Todavía no 50 

Volverás, amor 52 

A los cuarenta y cinco 53 

Dura ley 56 



n 



Páginas 

El amor nuevo.. 56 

El viaje 58 

¡Ella! 59 

El ensueño olvidado 60 

Destino 62 

Nobleza obliga 64 

La hiedra 65 

Opulencia 67 

Transformación 69 

La puerta 71 

Quosque tándem 73 

Sueña 74 

Plegaria 75 

En ti sola pensando 76 

Dilige 78 

¿Qué ansias? ... 79 

Madrigal 80 

II.— Poesías varias 81 

La incursión 83 

El lirio cárdeno 86 

La escena inmemorial 88 

El picapedrero 90 

Ars poética 91 

El buzo dice al hombre práctico 93 

Los cinco garfios 94 

Si recorrer 96 

* * * 9j 

Día de fiesta.... *.'.'.* .'.'.. *.**.* *.*.*.*..*..*.*!.*!.! !!...!. 101 

A un amigo que lloró con mis versos.. 103 

Dios proteja a Francia 104 

Ingenua 106 

Águilas y leones 109 

Horas grises 112 

Hora sentimental 114 

Mi México 116 

A México 117 

Himno 118 

Una estatua 121 

Al amor que se fué 123 

A D'Halmar 124 

III.— Pensando (verso) ^ 127 

IV.— Pensando (prosa) 143 

239 




y 



O 



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PQ Ñervo, Amado 

7297 Obras completas de Amado 

N5A1325 Ñervo 

1920 

V.27